Entre el hacer y el azar: una cuestión de equilibrio
Entre el hacer y el azar: una cuestión de equilibrio
Por
Ana Gandía Casasnovas
Hacer y azar, Juan
Navarro Baldeweg
CentroCentro (Plaza
Cibeles, 1, Retiro, 28014 Madrid)
12 de junio – 2 de noviembre de
2025
Comisariada por Ignacio Moreno
Rodríguez
Existen exposiciones retrospectivas,
temáticas, y después están aquellas —menos frecuentes— en las que un
pensamiento se manifiesta obra tras obra hasta configurar un vocabulario visual
propio. Hacer y azar, la exposición que CentroCentro dedica a Juan
Navarro Baldeweg, corresponde a este tercer tipo. Las más de setenta piezas
reunidas no buscan ilustrar una biografía artística al uso, sino más bien mostrar la tensión
creativa que atraviesa más de seis décadas de trabajo del autor, la que existe entre la
voluntad constructiva y la aparición de lo imprevisto.
Aunque al artista se le presenta normalmente
como arquitecto y pintor, la muestra deja claro que su pensamiento deviene transversal
a múltiples disciplinas. Desde los años sesenta, cuando Baldeweg investigaba
luz, materia y fuerzas en el Massachusetts Institute of Technology, hasta los
grandes proyectos arquitectónicos que ha realizado en España e Italia posteriormente, aquello que
permanece constante no es tanto la técnica, sino la idea: el mundo está hecho
de fuerzas y el arte debe revelarlas.
La exposición no es cronológica, y
resulta más interesante así. La arquitectura, la escultura, la fotografía, el
dibujo y la pintura se entrelazan sin jerarquías chirriantes. Maquetas de
proyectos construidos y nunca construidos conviven con obras más tempranas y
con lienzos más recientes. En un primer momento, el visitante puede sospechar una
dispersión, pero pronto descubre que todas las piezas contienen el mismo
alfabeto conceptual. Todo está en todo.
Aun así, la exposición propone un eje claro, el de la pintura como centro de gravedad. No porque sea la disciplina más numerosa en cuanto a la producción de obras, sino porque es donde el pensamiento de Baldeweg se nos muestra más transparente. Si la arquitectura demanda cálculo y respuesta técnica, la pintura permite que el gesto se encuentre con el azar sin intermediarios. En los grandes lienzos se percibe la lucha constante entre control e imprevisto.
El artista ha afirmado en numerosas ocasiones que "no hay nada menos abstracto que dejar caer la pintura". Y es cierto. En su obra lo que puede parecernos un gesto caprichoso es en realidad un fenómeno físico: gravedad, fricción, densidad, resistencia de la materia... Lo azaroso no implica desorden, sino que se constituye como una fuerza del mundo que se integra en la composición. En ese sentido, su pintura no es “expresiva”, sino más bien estructural: habla de cómo opera la realidad, no de cómo la siente el artista.
La arquitectura aparece entonces
como el otro polo del mismo imán. Las maquetas y fotografías incluidas en la
exposición no son ilustraciones, sino elementos en equilibrio, tensiones que
atraviesan un volumen, masas suspendidas, luz como material constructivo. Si a
la pintura no le basta con ser superficie, a la arquitectura no le basta con
ser función; ambas son, en manos de Baldeweg, formas de investigar fuerzas. La
exposición demuestra que la pintura no deriva de la arquitectura ni a la
inversa, sino que ambas surgen de un pensamiento común.
Pocas retrospectivas consiguen lo que esta sí: mostrar unidad sin homogeneizar. La amplitud de medios no disuelve el discurso; al contrario, lo refuerza. Quizá podría haberse hecho más explícito el papel del “azar” en el proceso —el visitante rara vez accede a los accidentes, solo a sus resultados—, pero podemos entender también la decisión de centrar el discurso en la potencia formal y no en el trascenio del método. Con todo, el equilibrio entre claridad conceptual y disfrute estético se consigue.
El cierre de la visita deja una impresión persistente: la de haber asistido a la formulación visual de una teoría del mundo. Hacer no significa imponer estructura y azar no significa caos: significa aceptar que la obra, el edificio o el lienzo no son únicamente el resultado de una decisión humana, sino la negociación con fuerzas que exceden al autor. En ese pacto reside la belleza de una práctica que permite reconciliar disciplinas que a menudo pueden quedar excesivamente separadas.
Hacer y azar no muestra
simplemente a un arquitecto que pinta o a un pintor que proyecta, sino a un
creador para quien toda construcción es una forma de dejar caer y toda caída es
una forma de construir. Entre el equilibrio y la caída, entre lo previsto y lo
inesperado, Juan Navarro Baldeweg ha encontrado durante más de sesenta años un
territorio fértil en el que la obra sucede. Y es que quizá, la mejor definición del arte no sea la de hacer, sino la de permitir que
algo ocurra.

Muy interesante conclusión. Muy bien. Tal vez poco desarrollada la importante trayectoria del artista.
ResponderEliminar