Pocos artistas españoles han mantenido, a lo largo de siete décadas, un diálogo tan intenso con la pintura como Luis Gordillo. La exposición Distorsión proteica presentada en la galería Prats Nogueras Blanchard fue inaugurada durante el Apertura Madrid Gallery Weekend. Se reúnen las obras recientes del maestro sevillano (2021–2024), en las que el artista continúa su investigación sobre la inestabilidad de la forma y la complejidad de la mirada. Cada pintura es un ensayo sobre la metamorfosis de la imagen. El título Distorsión proteica alude, en parte, a la plasticidad y a la vitalidad del proceso pictórico de Luis Gordillo. El título de la muestra funciona como clave conceptual. “Distorsión proteica” sugiere el cambio constante, la forma que nunca reposa. Cada obra, realizada entre 2021 y 2024, parece nacer de una explosión microscópica. Las manchas se multiplican como organismos que se duplican, se funden y colapsan. El recorrido de la exposición —Diccionario proteínico, Libertad a cuatro patas, Organigrama anatómico, Máquina viva I y II— propone una travesía entre cuerpo y máquina, entre lo biológico y lo mental.

Ilustración 1 Instalación, 2025, Prats Nogueira Blanchard, https://www.noguerasblanchard.com/es/exhibitions/diccionario-proteinico

En Diccionario proteínico, la mirada es arrastrada por columnas de verticales, cada una conteniendo fragmentos, formas y manchas que parecen repetirse y deformarse. A primera vista, hay un ritmo modular, casi matemático, pero la mirada pronto percibe que nada se repite exactamente igual. Esa tensión entre orden y caos, control e impulso, es la esencia de la pintura de Gordillo.

No hay una narrativa lineal. El espectador es invitado a recorrer el cuadro horizontalmente. Cada segmento parece contener una microhistoria, un pensamiento interrumpido. En conjunto, surge una cartografía del inconsciente — el intento de ordenar el caos sabiendo que nunca se deja dominar.

Desde los años 1970, Gordillo usa el collage fotográfico no solo como técnica, sino como forma de pensar. Junta trozos de fotografías, dibujos, impresiones y pinturas, superpone todo y crea composiciones de forma que el propio cuadro se comporta como un collage. Dentro de una pintura, hay varias imágenes coexistiendo: unas más abstractas, otras más reconocibles, unas que parecen recortes de fotos y otros gestos libres.

De esta forma, en vez de crear una obra única y definitiva, trabaja con variaciones, y el mismo motivo aparece decenas de veces, alterado en color, forma, proporción, textura. Cada versión es diferente, y juntas crean una narrativa visual sobre la transformación. Es como si cada cuadro fuera un intento de comprender algo que nunca se deja fijar.
Gordillo crea imágenes que se disponen en diversos planos. Una parte de la obra parece estar al frente, otra al fondo, otra dentro de la anterior. Es como si la pintura fuera un espacio tridimensional hecho de pensamientos y recuerdos visuales. En Libertad a cuatro patas, por ejemplo, parte de una fotografía, pero trabaja sobre ella con pintura y collage.

Organigrama anatómico, por su parte, es una obra compuesta por cuatro grandes paneles, formando un conjunto continuo, pero lleno de rupturas visuales. Los miembros humanos aparecen desconectados — piernas sin tronco, pies aislados, partes duplicadas. Esa desconexión transforma el cuerpo en algo casi mecánico, pero al mismo tiempo orgánico. Gordillo no pinta el cuerpo para representarlo, sino para desmontarlo. Muestra el cuerpo como metáfora de la identidad dividida, el sujeto contemporáneo desmontado por la imagen. Los ojos de sapo introducen un elemento de extrañamiento, funcionando como símbolos de observación, la mirada que vigila analiza, desmonta.

La serie de dos pinturas Maquina Viva I y Maquina Viva II forman un díptico conceptual, una dupla que funciona como espejo y contrapunto. A primera vista, ambas presentan la misma estructura visual: una forma central roja, de contornos irregulares, delimitada por bordes blancos y envuelta por un campo de colores fragmentados. Esa forma, que recuerda una máscara, un rostro esquemático o incluso un núcleo orgánico. Pero lo que Gordillo hace es usar la repetición para mostrar la diferencia.

En Maquina Viva I, el fondo está hecho de planos quebrados y gestos sueltos, recordando un collage de fragmentos. Los colores fríos crean distancia, pero también serenidad. El rojo central contrasta fuertemente. Esa oposición entre frío y caliente genera equilibrio y tensión al mismo tiempo. La pincelada es más contenida, los bordes más definidos, y hay una sensación de construcción controlada.

Ya en Máquina Viva II, los colores son densos, opacos, terrosos, y el gesto pictórico es más agresivo. La misma forma roja aparece envuelta por masas de color espeso, con movimientos circulares y diagonales que parecen presionarla. Es el mismo motivo, pero con otra carga emocional.

Esas dos pinturas son como dos variaciones de un mismo pensamiento.
La primera refleja el momento del análisis y de la calma, y la segunda de la tensión. Juntas, forman una especie de ciclo emocional y pictórico — el antes y el después de un mismo estado de conciencia.

Luis Gordillo, Máquina Viva I y Máquina Viva II, 2025, Prats Nogueira Blanchard https://www.noguerasblanchard.com/es/exhibitions/diccionario-proteinico
Luis Gordillo, Máquina Viva I y Máquina Viva II, 2025, Prats Nogueira Blanchard https://www.noguerasblanchard.com/es/exhibitions/diccionario-proteinico; https://www.noguerasblanchard.com/es/exhibitions/diccionario-proteinico

En Centro animal síntesis del método “proteico” de Gordillo, con un núcleo orgánico en foco construido en capas y variaciones, donde gesto y estructura se friccionan. El color saturado y los contornos deformados proporcionan una tensión, convirtiendo la imagen en organismo mutante que insiste en la repetición con diferencia y en la imposibilidad de fijar la forma.
Diferente de muchos artistas que, en la vejez, buscan síntesis o reposo, Gordillo continúa en combustión. Sus obras son laboratorios de pensamiento, donde la pintura es una manera de procesar el caos. La exposición confirma su carácter de un artista que no repite el pasado, sino que lo distorsiona para continuar pensando con el pincel.
Luis Gordillo no hace retrospectiva, hace autopsia de la imagen, del cuerpo y de la propia pintura. Esta exposición en la Galería Prats Nogueira Branchard no celebra el pasado, sino el movimiento. Cada lienzo es un experimento de observar la imposibilidad de fijar la forma. Confirma a Luis Gordillo como maestro en continua reinvención. A sus 90 años, convierte arte en un organismo vivo, inestable, vibrante y mutante.
Por Ana Clara Poncy. Noviembre de 2025.
Distorsión proteica.
Luis Gordillo.
Del 11 de septiembre al 15 de noviembre de 2025.
Galería Prats Nogueras Blanchard — Madrid

 


Comentarios

  1. Enhorabuena, Ana Clara. Eres la primera. Muy bien. El título de la reseña tiene que ir arriba, encabezando la publicación.

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