Cuando la forma piensa: la escultura como acontecimiento más allá de la materia

Tres experiencias formales

CentroCentro

26.06.2025 – 26.10.2025 

¿Qué es la forma? ¿Qué es lo formal?

Si la forma está, ¿es materia?

Si la forma se extiende, ¿es espacio?

Si la forma se contempla, ¿es pensamiento?

Si la forma es, ¿qué es aquello que es?

Pensar lo formal puede sonar, en principio, como un ejercicio rebuscado; sin embargo, permite permear entre lo trascendental y lo espiritual. La mirada recrea una cartografía visual de la existencia y pertenencia de la materia: en cada pliegue, cada sombreado, en la luz que moldea el ente y en la sombra que profundiza su volumen, así como en la rudeza o suavidad del material y en el espacio que ocupa o libera, se manifiesta un acto de reflexión filosófica.

Lucio Fontana (1899–1968) lo formuló con precisión: “la escultura es espacio; no está en el espacio, sino que es espacio mismo”. Décadas más tarde, Núria Fuster (1978) prolonga esta intuición: “El golpe no rompe: solo abre un ojo ciego en la piedra. La herida no destruye, da luz”.

Pensar lo formal como un ente de pensamiento —algo que se abre ante nosotros y permite la transmutación del espacio, el tiempo y la materia— se materializa en Tres experiencias formales, exposición curada por Miguel Cereceda y realizada a través de las obras de Núria Fuster, Clara Montoya y Sandra Val. Siguiendo el hilo conceptual de Xavier Zubiri en Naturaleza, Historia, Dios (1944), el espacio expositivo se convierte en un diálogo donde la forma se vuelve experiencia y pensamiento de estos 3 conceptos fundamentales que permean la cosmovisión occidental.

El espectador se enfrenta a interrogantes esenciales: ¿qué es la escultura más allá de la materia que la sostiene?

Experimentar la realidad que envuelve, manipula, transgrede y transforma los cuerpos escultóricos —como entes capaces de conformar su propio espacio y hacer visibles sus propios discursos, en tanto espirituales como filosóficos— se convierte, así, en el núcleo de esta propuesta expositiva.

Cada pieza, curada e hilada con singular cuidado, refleja un magnifico trabajo orientado a permitir al espectador experienciar las obras, en conjunto con la luz que las moldea, el espacio que las permea y la ambientación que las hace pertenecer. La muestra se configura, en conjunto, como una cartografía de lo formal.

Núria Fuster abre este encuentro. Diversos huecos, concebidos como óculos, o penetraciones, incitan a la interacción. Los soportes de las obras se mantienen visibles: ocupan el espacio dejado por el desgaste, el paso del tiempo y la manipulación humana, convirtiéndose en entes autónomos dentro de su propio universo. La luz verde los modela con una solemnidad casi clásica; no son templos, ni deidades, sino objetos que reflejan al espectador y su realidad cotidiana.Abrigos, camisas, sillas, cuadros, fotografías, objetos olvidados y una roca.

Núria Fuster: Esquema de Núria, Esquema de Bárbara, Esquema de Irati, Anatomia Temporal, 2025. 

El hueco no es vacío: es apertura y generador de espacio. La vitalidad de la obra se completa continuamente al ser atravesada por quienes transitan detrás de ella, convirtiéndose, por instantes breves, en habitantes de su universo. La pieza, Anatomía temporal, da nombre y sentido a esta experiencia: un cuerpo en constante transformación definido tanto por su materialidad no perene, como por la presencia efímera de quienes lo habitan.

En Walkers (2018–2019), la forma recorre el espacio dejando huella. La instalación no solo demuestra la formalidad escapando de su estatismo, y transformando activamente el espacio, sino que confronta la idea de que el ente que hace, transforma y transgrede no es quien observa la obra, sino, la obra misma que hace espacio.

Continuando con Clara Montoya (1974), sus esculturas adquieren dimensión sensorial al interactuar con espectros de los elementos (transformados de lo natural a lo artificial) y la percepción del espectador. En Sorgentes/Cerezales, las piezas giran y se expanden, llenándose de significación en un sentido profundamente aestético (aísthesis). La obra cobra sentido a través del sentir que la forma permite y transmite.

Claya Montoya, Sorgente/Cerezales, 2025.

Montoya percibe que el formalismo de sus piezas implica un contacto íntimo del individuo con la obra mediante los sentidos. Así, las esculturas funcionan como ambientaciones donde el espectador se vuelve materia activa dentro de la experiencia. Aunque la propuesta teórica remite al cuidado medioambiental, Montoya invita a pensar los elementos —aire, luz, agua y tierra— como entes con significación propia, mediadores de una experiencia estética profunda, en la cual, uno no solo se encuentra transitando por un espacio cerrado, sino que se enfrenta a proyecciones de un campo abierto: en Pérdidas I y II, las alegorías de lo natural se presentan como componentes mecánicos de proyección, articulados desde la memoria compartida.

Por último, Sandra Val nos conduce a través de la concepción de lo formal como un espacio de pensamiento: un espacio que trasciende los límites terrestres e incorpora al espectador en un plano celestial, detenido en el tiempo infinito.

En Sirio. El ojo del cielo, a través de un pequeño óculo en el muro, despliega una instalación de arte digital donde se multiplican espacios saturados de colores y gráficos.  Lo que aparenta ser una “escultura” se revela, en realidad, como un portal hacia otros universos, donde lo formal se constituye como tejido de la exploración espacial.

La exposición concluye con EON 3, un magnífico trabajo de técnica mixta, principalmente cerámica, articulado a partir de la abstracción de un jardín árabe. En este diálogo entre un espacio ya creado y un espacio formal en proceso de significación, la obra reflexiona desde lo matérico hacia un horizonte omnipresencial. No solo funciona como un dispositivo de autorreflexión, sino también como un medio para establecer puntos de enfoque en comportamientos y procesos que evidencian la hegemonía natural de los elementos hacia una unificación metafísica.

Sandra Val, EON 3, 2025.

Agentes primitivos como aire, fuego, cambios de temperatura o gravedad participan activamente, determinando la obra. En la cerámica, estos elementos conceptualizan cómo formas orgánicas o permanentes ya sea mediante acciones, su presencia material o su representación, transforman la pieza en un ecosistema dinámico material, donde cada componente se integra y unifica.

Este arte metamórfico, que transforma objetos cotidianos en experiencias estéticas, reivindica el sentir frente a lo conceptualizado como “formalismo”. La exposición propone que lo formal no es solo envase, sino contenido, son espacios simbólicos entre naturaleza, poder, utopía y omnipresencia. Esta cartografía expositiva —llena de lugares, no lugares, instancias efímeras, saltos cuánticos y jardines galácticos— permite disolver la idea errónea de que lo formal es únicamente carcasa, un vacío por llenarse. Bien planteado en la exposición, el vacío está lleno y el formalismo es pensante.

Como señala Jacques Maquet en La experiencia estética (1986), “la relevancia estética de las cosas visibles se encuentra en el área de su forma”.

Núria Fuster: Alabastre, 2025.

Tres experiencias formales

26.06.2025 – 26.10.2025

Centro Centro -  Pl. Cibeles, 1, Retiro, 28014 Madrid

Núria Fuster - Clara Montoya - Sandra Val

Comisario Miguel Cereceda

Maria Fernanda L. Canaán



Comentarios

  1. ¿Pensar lo formal permite permear entre lo trascendental y lo espiritual? Suena extraño. Más acertado parece cuando afirmas: "El espectador se enfrenta a interrogantes esenciales: ¿qué es la escultura más allá de la materia que la sostiene?". Que yo sepa no había ninguna roca en la propuesta de Nùria Fuster. Lo que sí que hubiera sido pertinente es hablar de la obra de Barbara Hepworth y de la influencia en la creación de Fuster.

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