El gesto visceral: tras las huellas de Rafael Canogar
Por Consuelo Olguín
Volver no solo al origen, sino que también volver a aquellos periodos que han sido gravitantes para la historia del arte contemporáneo. Con ese ejercicio en mente, la prestigiosa galería Guillermo de Osma, junto a The Mayor Gallery de Londres, presenta Huellas (Pinturas 1958-1962) del artista español Rafael Canogar (Toledo, 1935). La exposición, disponible hasta el 23 de enero próximo, se detiene en la producción pictórica de los primeros cuatro años de Canogar como artista, cuando recién se inició junto al mítico grupo El Paso (1957-1960), del cual era su integrante más joven y actualmente el único vivo.
La pintura de Canogar definitivamente nos conecta con el Expresionismo abstracto que se venía desarrollando en Estados Unidos, cuyos artistas que alcanzaron mayor notoriedad internacional fueron Pollock, Rothko y De Kooning. De hecho, en 1957 se exhibieron por primera vez en la Sala Negra del Museo de Arte Moderno de Madrid obras de esa vanguardia de posguerra. La exposición se tituló Otro Arte y entre sus asistentes estuvieron los integrantes de El Paso —Manolo Millares, Juana Francés, Manuel Rivera, entre otros—. Dichas referencias visuales, expresadas en el gesto de la pintura, el dripping, los bloques de color, las pinceladas enérgicas, contribuyeron al desarrollo de sus propias búsquedas y expresiones. Prontamente los críticos de la época le llamarían “informalismo”, abriendo paso a una pintura abstracta que respondería a su contexto local.
Huellas se compone de 14 pinturas al óleo y se divide en dos salas. La primera muestra el trabajo de Canogar entre 1958 y 1960, periodo marcado por una fuerza interior arrolladora, por una pulsión visceral volcada cien por ciento a la pintura. De las obras de ese periodo, el artista ha dicho: “Eran la gestualidad del subconsciente, la expresión de lo irrepetible realizada con una caligrafía directa y espontánea. Obras eminentemente intuitivas y pasionales”. Sería extraño decir que se aleja de la figuración cuando ni siquiera se la plantea. Porque aquí lo relevante es la materia. Liberada de su mero uso como medio de representación, es protagonista absoluta y radical en las pinturas de Canogar.
Por un lado se observan inquietudes artísticas que, como toda vanguardia, se nutre y se rebela de su herencia anterior. Canogar ha dicho en varias ocasiones que su trabajo se conecta con el de Goya y el de Velázquez. Pero por otro lado, el asunto matérico responde a parte de su biografía: nacido en Toledo, vio de cerca el trabajo del hombre con la tierra. Así, el imaginario de la tierra arada se traspasa a su identidad pictórica. Lo que el campesino hace a la tierra, Canogar hace a la pintura: la interviene para convertirla en un terreno fértil, tal como se observa en Pintura nº 18.
Un concepto que los críticos de la época usaron frecuentemente fue el del magma. El magma que brota del volcán, como una mezcla matérica informe, rugosa, es lo que aparece en los cuadros de los primeros años de Canogar. En Pintura nº 23 se observa que el excedente de óleo es manipulado con la espátula, con los dedos, dándole un relieve al cuadro que lo despoja de su bidimensionalidad, a la vez que el pintor deja una huella de su propio cuerpo en ella. Acaso con el deseo de decir “yo estuve aquí”. En sus pinturas hay una clara intención de trabajar el centro. En Sin título y Pintura nº 28, por ejemplo, toda la gestualidad se concentra ahí, como si desde el centro emanara la explosión hacia los bordes. Una explosión que lo inunda todo.
La segunda sala se concentra en la producción que realizó Canogar entre 1960 y 1962. En estas pinturas se observa una leve transición: El Paso se había desintegrado y cada miembro siguió su propio camino. Es en este periodo que Canogar comienza a integrar algo más de estructura en sus cuadros. Ya no es solo el golpe o la explosión de la materia, sino que vemos un atisbo de composición. En Estandarte, pintura de gran formato, se ven elementos figurativos y una sucesión de planos, a la vez que es el único que presenta una suerte de marco pintado en su interior. Serie Negra nº 7, por su parte, da cuenta de que coexisten dos estados: uno llano y uniforme; y otro revuelto y rugoso.
Es bastante conocido y documentado el apoyo que la dictadura de Franco entregó a Canogar y a El Paso para que se convirtieran en artistas con alcance internacional y así contribuyeran a mejorar la imagen de España en el extranjero, aún cuando su pensamiento comulgaba con el de la izquierda. Si bien en sus pinturas no hay figuración o una denuncia explícita a los horrores de la dictadura, sí hay un lenguaje pictórico que nos da luces al respecto: la primacía de una expresividad intensa y agresiva, la paleta cromática reducida y el gesto visceral que se rebela contra aquello que no puede nombrar.
Ficha técnica
Huellas (Pinturas 1958-1962)
Rafael Canogar
Galería Guillermo de Osma
Claudio Coello 4, Madrid
19 de noviembre de 2025 - 23 de enero de 2026
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Más que del expresionismo norteamericano, El Paso recibió la influencia del informalismo europeo. La crítica está bien, aunque hay pequeñas incorrecciones sintácticas. Canogar nunca fue especialmente "de izquierdas".
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