En construcción: repensando la historia democrática de Portugal y España en “Inquietud. Libertad y Democracia”


 ¿Cómo abarcar cincuenta años de historia en una exposición? Esta es la principal pregunta con la que “Inquietud. Libertad y Democracia”, comisariada por Paulo Mendes (Lisboa, 1966) y Sandra Vieira Jürgens (Lisboa) en La Casa Encendida, contiende. La muestra reúne a más de 50 artistas internacionales y 77 obras que reflexionan sobre el periodo que va desde 1970 hasta la actualidad en Portugal y España. Lejos de proponer una lectura enciclopédica de las dictaduras, transiciones y democracias ibéricas, aquí la historia no se documenta: se reactiva.

Mendes y Vieira Jürgens desarrollan esta exposición en colaboración con la Coleção de Arte Contemporânea do Estado (CACE) y la Colección Fundación Montemadrid, además de artistas invitados. La muestra fue presentada previamente en Braga, pero su llegada a Madrid enfatiza la voluntad de reforzar los vínculos históricos y culturales entre Portugal y España que atraviesan el proyecto. Además de su experiencia como comisarios y críticos de arte, cabe destacar la carrera de Mendes como artista (colecciones como CACE o Fundaçao EDP) y Vieira Jürgens como investigadora (residencias en Terceiro Direito o el MNCARS). Influenciados por estas prácticas, su comisariado se caracteriza por una inclinación hacia lo experimental, lo que se traduce aquí en una apuesta por el diseño expositivo como herramienta inmersiva: el visitante deja de ser observador para convertirse en actor histórico.


Juan Genovés, El abrazo (1976), cortesía de El Diario

Nada más descender al espacio expositivo, somos recibidos por carteles políticos de los años setenta. Destaca El abrazo de Juan Genovés (1976), obra icónica en la que la palabra “Amnistía” se repite bajo la representación de un abrazo grupal. Como señala María Inácia Rezola, piezas como esta sitúan al espectador en un periodo en el que el arte público fue fundamental para alcanzar la Transición. El diseño del catálogo (un periódico portátil y gratuito) reproduce esta lógica agitprop, y sugiere que la experiencia expositiva comienza antes de entrar en la sala, al cogerlo, y continúa una vez abandonada, al leerlo en casa.

Tras este recibidor, el entresalas es un umbral entre dos narrativas: la sala D reúne obras centradas en el autoritarismo; la sala E aborda sus reverberaciones en el presente. El espacio está atravesado por palés, andamios y materiales que evocan barricadas o trabajo manual, presentando la historia como proceso en construcción. Al mismo tiempo, estos elementos ocultan parcialmente las obras, emulando las dinámicas de censura propias de las dictaduras. El uso de archivos sonoros intensifica esta atmósfera de inquietud y conflicto.


Vista del entresalas, cortesía de UrbanBeat


Dos pantallas se enfrentan: una retransmite un discurso del dictador portugués Salazar; la otra reproduce Los Encargados (2012), de Santiago Sierra y Jorge Galindo, una grabación de una procesión urbana con retratos invertidos de líderes políticos españoles empezando con el rey emérito. Ambas obras subrayan el papel de los medios de comunicación, capaces tanto de denunciar como de reproducir violencia estructural. Esta tensión se radicaliza en St. Frigo de Jimmie Durham (1996), una intervención en la que un frigorífico fue apedreado ante la cámara durante días sin que nadie frenara al artista. Ubicado entre dos monitores transmitiendo grabaciones de su apedreo, el objeto ahora destrozado se convierte en un vestigio que evidencia nuestra complicidad a la hora de perpetuar sistemas de violencia y posteriormente, de consumirla por televisión y redes.


Jimmie Durham, St. Frigo (1996), cortesía de Kurimanzutto


En el centro, Antonio Saura, Mirta (1959)

A la izquierda, la sala D reúne obras clave del arte español del siglo XX, como Mirta (1959) de Antonio Saura y Atardecer en la salita (1972) de Equipo Realidad, que denuncian el franquismo desde lenguajes expresionistas y pop. Estas obras monumentales del arte moderno y contemporáneo español se posicionan junto a piezas que los comisarios revalorizan, como La tarde. Campillo de arenas (1978) de Cristina García Rodero y Las mujeres de mi país (2025) de Bárbara Fonte. En este vídeo, Fonte reinterpreta los roles asignados a la mujer durante la dictadura salazarista. Al situar ambas obras frente a frente, los comisarios proponen una relectura de género retrospectiva, permitiendo interpretar la fotografía de García Rodero (una mujer tras una ventana enrejada) como una crítica a la opresión femenina. Los comisarios subrayan así cómo la lucha por la igualdad de género, hoy y ayer, debe subyacer a todo esfuerzo democrático


A la izquierda. Bárbara Fonte, Las mujeres de mi país (2025)

Uno de los elementos centrales de esta sala es un gran muro de conglomerado que fragmenta el espacio, obstaculizando y dirigiendo el recorrido. Tras él, se enfrentan retratos históricos de monarcas como Felipe IV, con la obra de Paulo Mendes No discutimos sobre Dios y la Virtud… (2007).  En esta, Mendes oscurece una fotografía de grandes dimensiones de varios retratos formales en una oficina usando manchas de pintura acrílica para cuestionar la posibilidad de representar el poder político de forma transparente. En sintonía con la lectura foucaultiana de Las Meninas, esta obra problematiza la relación entre representación y autoridad, desestabilizando el retrato clásico como dispositivo de legitimación.


A la izquierda, Paulo Mendes, No discutimos sobre Dios y la Virtud… (2007)

Por su parte, la sala E amplía el marco geográfico y político de la muestra desde una perspectiva poscolonial. El espacio se vuelve más abierto, aunque mantiene una estructura de vigas que impide una visión panorámica. La obstrucción en sala persiste, como persisten las violencias sobre cuerpos racializados tras la caída de las dictaduras en antiguas colonias portuguesas y españolas. Obras como Heus aquí el cos de Antoni Tàpies (1997-2000) toman un nuevo sentido en este contexto, uno alejado de lecturas hegemónicas de la obra de Tàpies, permitiéndonos relacionar la explotación del cuerpo representado en ella con piezas que abordan la violencia hacia colectivos racializados en África y América Latina. Otras, como por ejemplo, African Haircut de Francisco Vidal (2018), realizada sobre machetes, toman esta lucha como eje central y directo, en este caso reivindicando el cabello afro como símbolo disidente convertido en icono de resistencia cultural. Incluso en contextos formalmente democráticos, la lucha por la libertad continúa, tanto en la península, como en otros países con los que compartimos historias similares de subyugación, autarquía y colonialismo. La inclusión de símbolos como la bandera palestina en la sala, subraya esta solidaridad y la urgencia política y universalista del proyecto expositivo. 


Antoni Tàpies, Heus aquí el cos (1997-2000)

Vista de la sala E

Esta crítica a la promesa democrática encuentra otra formulación ambigua en el proyecto europeo mismo. En la fotografía Portugueses en Europa de João Tabarra (1995) un hombre sostiene la bandera de la Unión Europea en la piscina vacía de un hotel. La imagen transmite soledad y aislamiento, cuestionando si la integración europea supuso una emancipación cultural y política para Portugal y España o una nueva forma de subyugación del pueblo, esta vez ligada al turismo.


A la izquierda, João Tabarra, Portugueses en Europa (1995)

En conjunto, “Inquietud. Libertad y Democracia” propone entender la democracia no como un estado alcanzado, sino como un proceso en construcción. Sin embargo, en su ambición por articular una narrativa plural e inclusiva, la exposición evidencia sus límites. El comisariado, aunque rico conceptualmente, instrumentaliza en ocasiones las obras, subordinándolas al diseño expositivo. Las múltiples voces visibilizadas quedan asfixiadas al abarrotar las salas de La Casa Encendida con palés, andamios y conglomerados. Esta sobrecarga de información amenaza con cerrar, más que abrir, espacios de lectura crítica, aunque el formato del periódico-catálogo logra mantener nuestro interés. Quizás, para potenciar su impacto, la muestra podría afinar un equilibrio entre exceso y claridad, incluyendo menos piezas o elementos de soporte, permitiendo que las tensiones que propone dialoguen entre sí y el espectador con mayor libertad.

Por Iker Veiga Lucena

Diciembre de 2025

Del 16 de octubre de 2025 al 8 de marzo de 2026

“Inquietud. Libertad y Democracia”

Exposición comisariada por Paulo Mendes y Sandra Vieira Jürgens 

La Casa Encendida - Ronda de Valencia, 2, 28012, Madrid

Comentarios

  1. No he incluido la fecha de nacimiento de la comisaria por falta de fuentes fiables.

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  2. Muy bien, Iker. Es una exposición difícil y muy extensa. Tu valoración de la misma es muy correcta.

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