Entre lo industrial y lo orgánico: 'Instante eterno en el jardín' en CentroCentro
‘Instante eterno en el jardín’
Cristina
Almodóvar, Chus García-Fraile y Daniel Verbis
Comisaria:
Lola Durán Úcar
CentroCentro. Pl. Cibeles, 1, Retiro, 28014 Madrid
Del
10 de julio al 16 de noviembre de 2025
En
la cuarta planta de CentroCentro, la exposición ‘Instante eterno en el jardín’
se despliega como un territorio ambivalente que trasciende la simple
representación botánica. La muestra nos invita a cruzar un umbral físico y
simbólico donde el jardín no se limita a ser un locus amoenus de
contemplación y serenidad, sino que se revela también como un escenario de
exceso, deseo y fragilidad. El jardín, tema inagotable en la historia del arte,
se aborda aquí como un espacio en el que ralentizar el tiempo para reconectar
con lo esencial de la experiencia humana.
Para
dar cuerpo a esta premisa, la muestra convoca a tres creadores de trayectorias
y lenguajes dispares: Cristina Almodóvar, Chus García-Fraile y Daniel Verbis.
Bajo el comisariado de Durán Úcar, escultura, instalación y pintura dialogan
para construir las distintas estancias de este edén contemporáneo.
Vista de la exposición 'Instante eterno en el jardín' con obras de Chus García-Fraile en CentroCentro, Madrid, 2025. Fotografía: Neo2 Magazine.
Tres jardines, tres instantes
La
exposición se articula como un tríptico de visiones que discurren en paralelo,
comenzando por la propuesta más alejada de lo orgánico. Chus García-Fraile
(Madrid, 1965), fiel a una trayectoria marcada por el cuestionamiento de los
códigos sociales y el estatus, irrumpe en la sala recordándonos que el jardín
es, ante todo, una construcción humana. Con obras como Charms,
García-Fraile no planta, sino que edifica. Su jardín es un escenario ortopédico
y social, apuntalado sobre estructuras de andamiaje y materiales industriales
donde la naturaleza ha sido sustituida por el símbolo de poder. Es una
naturaleza tecnológica, con pinturas de paisajes plasmadas como píxeles. Si el
jardín histórico prometía un contacto directo con la tierra, el de
García-Fraile nos devuelve una realidad mediada, un simulacro donde lo natural
se ha convertido en una escenografía digitalizada.
En
un registro radicalmente opuesto, Daniel Verbis (León, 1968) rompe la geometría
arquitectónica para adentrarse en el terreno de la carne y la psique. Su
aportación central, el mural Edén sin Adán, responde a su conocida
indagación sobre los límites de la pintura y el soporte, operando aquí como una
intervención site-specific. El carácter efímero de esta obra —pintada ex
profeso para la muestra y destinada a desaparecer— encierra quizás la metáfora
más potente sobre el “instante”: un paraíso que no puede conservarse. Para
Verbis, el jardín es un cuerpo vivo, un organismo de formas biomórficas y
colores saturados que remiten a la biología interna y al deseo, aportando la
nota visceral que aleja la muestra de la mera contemplación botánica.
Vista de la exposición 'Instante eterno en el jardín' con obras de Daniel Verbis en CentroCentro, Madrid, 2025. Fotografía: Neo2 Magazine.
Finalmente,
Cristina Almodóvar (Madrid, 1970) asume el rol de la jardinera fiel, aquella
que mantiene el vínculo más literal con la temática a través de su
investigación sobre lo efímero y la transformación de la materia. Sin embargo,
su intervención en la sala revela una dualidad desigual. Mientras que sus
piezas de pared logran seducir mediante una mímesis técnica impecable —donde el
hierro se disfraza de levedad orgánica para detener el tiempo—, sus
instalaciones de suelo pierden fuerza. Las piezas dispuestas en el pavimento
resultan algo anémicas frente a la monumentalidad del espacio y la rotundidad
de sus compañeros, diluyendo la inmersión y revelando que su poética funciona
mejor en la intimidad del detalle vertical que en la ocupación horizontal del
territorio.
Un ecosistema fragmentado
El
recorrido general de la exposición revela la dificultad de orquestar estas tres
voces en un coro armónico. La premisa curatorial de ‘Instante eterno en el
jardín’ promete un espacio envolvente, un refugio donde el tiempo se detiene;
sin embargo, la realidad física de la sala impone una frialdad que las obras no
logran del todo disipar. Más que un jardín orgánico donde las especies conviven
y se entremezclan, la muestra opera como una sucesión de compartimentos
estancos, un archipiélago de propuestas que, por su radical diferencia material
y conceptual, tienden a neutralizarse en lugar de dialogar.
La
fricción es palpable. La contundencia industrial y los neones de García-Fraile,
con su crítica explícita al consumo y al estatus, generan un ruido visual que
fagocita la sutil poética de Almodóvar. Resulta complejo para el espectador
transitar del cinismo de los andamios a la contemplación silenciosa de una hoja
de bronce sin sentir una ruptura en la inmersión. Por su parte, el universo
visceral de Verbis parece habitar una dimensión paralela, ajena tanto a la
crítica social de una como al naturalismo de la otra.
Así,
este “jardín” se percibe más como una construcción teórica que como una
experiencia sensorial unificada. La exposición funciona eficazmente como una
revisión de tres trayectorias sólidas, pero flaquea en su intento de construir
esa atmósfera de locus amoenus prometida. Al final, lo que prevalece no
es la sensación de refugio o de instante eterno, sino la evidencia de un
montaje que yuxtapone visiones antagónicas sin lograr que sus raíces lleguen a
tocarse bajo la superficie.
Vista de la exposición 'Instante eterno en el jardín' con obras de Cristina Almodóvar en CentroCentro, Madrid, 2025. Fotografía: Neo2 Magazine.
En
definitiva, ‘Instante eterno en el jardín’ se revela como una exposición de
tesis sugerente, pero de resolución desigual. Si bien la solvencia individual
de Almodóvar, García-Fraile y Verbis es indiscutible, el diálogo entre sus
poéticas resulta a menudo forzado, impidiendo que la sala respire como un
organismo único. La muestra triunfa al evidenciar que el jardín contemporáneo
es un espacio de conflicto —entre lo natural y lo industrial, lo efímero y lo
eterno—, pero fracasa parcialmente en su promesa de ofrecer un refugio
espiritual cohesivo. El espectador abandona la cuarta planta de CentroCentro
habiendo contemplado tres formas brillantes de representar la naturaleza, pero
con la sensación de que, en este edén de metal y pintura, la belleza existe más
como un inventario de fragmentos solitarios que como una experiencia
compartida.
Laura
Ruiz Hidalgo
Madrid,
24 de diciembre de 2025




Excelente.
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