EQUILIBRANDO EMOCIONES MEDIANTE EL PROCESO: La obra de Culitomatón.
EQUILIBRANDO EMOCIONES MEDIANTE EL PROCESO: La obra de Culitomatón.
Matías López Pérez
VOY DESPACIO. LLEVO 1 OLLA CON SOPA
Laura Lagraña a.k.a. Culitomatón
Galería YUSTO/GINER
7NOV / 30DIC · 2025
La Galería Yusto/Giner abre su sede en Madrid en 2021, momento de relativa crisis en el mundo de la exposición, con los efectos del covid aún vigentes. Aún así, mediante su dirección se vislumbra la actitud optimista del espacio. Su objetivo es centrarse en la difusión de una producción positiva y actual.
Fundada en Marbella en 2012, se interesa en artistas con una visión contemporánea, acogiendo producciones y formatos de todos los ámbitos.Este planteamiento de la promoción de obras más experimentales ha llevado a exposiciones de nivel internacional, incluyendo artistas emergentes.
Siguiendo esta línea, nos encontramos con la obra de Laura Lagraña. Nacida en Barcelona, 1995, reside en Bilbao, Vizcaya. Estudia los Grados Superiores de Ilustración, Cerámica y Escultura en el IAE Pau Gargallo de Badalona.
La joven artista se identifica como Culitomatón, nombre acorde a su postura desenfadada respecto a su producción artística.
Para definir la obra de Lagraña tenemos que hablar de su proceso de creación.
Contrastando con una realidad monótona y acelerada, Lagraña procura evocar sus pensamientos más fantasiosos e infantiles, planteamiento que nos recuerda al arte naif impulsado por Vallejo-Nágera.
Con el uso de un lenguaje naif y una paleta de colores divertida y exagerada, se bocetan personajes e historias recogidas en las historias descritas que posteriormente pasarán a ser traducidas a figuras de cerámica.
Lagraña apuesta por este medio aludiendo al tiempo de inversión que requiere, y la paciencia que implica. Aboga por la lentitud, tanto en el proceso creativo como en el de materialización.
“He escogido una disciplina que me flipa y me siento súper conectada a ella. Pero aún así no es un material agradecido, te puede pasar cualquier cosa –incluso te pueden explotar las piezas en las que has trabajado muchísimo–, y juega un poco con tu paciencia y con tu límite de tiempo. Es algo delicado y no es para todo el mundo.”
Igualmente, esta propiedad se ve también afectada por la fragilidad del material. Tal y como comenta la artista, no es precisamente un material susceptible al cambio, en cualquier parte del proceso puede quebrarse. Esta situación le fuerza a abordar el mismo con cierta espontaneidad, ya que no es factible apegarse a las piezas.
En este contexto se desarrolla su última exposición, “VOY DESPACIO. LLEVO 1 OLLA CON SOPA”. Recurriendo nuevamente al recuerdo, Lagraña accede a sus emociones desde una perspectiva infantil. Dentro de lo cotidiano, la artista recupera momentos cargados de emoción del día a día y los saborea, aplicando una visión más calmada y paciente a los mismos, para posteriormente materializarla en figuras que dialogan entre sí a lo largo del espacio expositivo.
Utilizando la metáfora de una sopa en un recipiente lleno, Lagraña nos muestra distintas esculturas de cerámica, cada una representando un ingrediente de la misma y simultáneamente siendo un micro-mundo único con sus propios personajes y relaciones.
Esta disposición deductiva de sus razonamientos invita al análisis detenido, acorde con el pensamiento que predica.
Si bien se presenta esta premisa, es cierto que la información proveída por la artista da demasiado margen a elucubrar nuestras propias conclusiones.
A la entrada nos encontramos con varias de las obras presentadas a lo largo de la mesa, en forma de hilera. Los nombres de las mismas son descriptivos y espontáneos, dando a entender que la denominación es arbitraria.
En primer lugar nos encontramos con “Peleita de Mentira”, figura geométrica conformada por cilindros y esferas, nos puede llegar a recordar a un perchero por su temática cotidiana. Atendiendo al elemento fantástico o infantil tenemos dos figuras coloridas y desproporcionadas que se enfrascan en una pelea de espadas, que si bien no recuerda a un argumento violento, si que nos puede llegar a recordar a los clásicos juegos infantiles de batallas o interpretación. Todas las figuras de las diversas esculturas parecen estar en comunión con este carácter pícaro y desenfadado, independientemente de la situación en la que se vean envueltos. Podemos destacar motivos como el uso de redes o mallas como figura para delimitar los espacios ocupados por cada una de las piezas y por otro lado los objetos orgánicos, como la comida, aludiendo directamente a la metáfora de la sopa.
Las consiguientes obras dispuestas en la mesa no disponen de título ni enmarcación. Es factible considerar que esta carencia sea intencional, y que la denominación de los objetos les robe su carácter espontáneo. ¿Hay algo más primario que presentar nuestros sentimientos tal y como aparecen, sin filtros?
Adhiriéndose a esta doctrina, podemos entender un caos ordenado, utilizando paleta cromática y símbolos como la única cohesión posible.
Una vez abandonamos la mesa, podemos ver que el resto de obras se encuentran orbitando la misma. En estantes de diversas alturas encontramos obras como “Fresita Jinete”, “Cupido” y “Reloj Zanahorio”, dispuestas en las siguientes imágenes respectivamente.
Repitiendo motivos, podríamos considerar esta última pieza, como la pieza que mejor encapsula el pensamiento que quiere transmitir Lagraña con esta colección: recordándonos a un recipiente, pesado, decorado con alimentos y un pequeño estanque en perfecto contrapeso.
Nos llega a recordar a la olla que se imagina la artista, a rebosar de ideas y conceptos, moviéndose lentamente para no derramarse.
El acto de mantener el equilibrio, tanto literal como figuradamente nos pone en una situación de forzosa calma, la cual nos permite tomarnos un momento para ordenar aquello que percibimos y sentimos.
Igualmente, a pesar de la intencionalidad de estas propuestas, volvemos a la contradicción entre la propuesta de recorrido y la presentación y carácter de los objetos analizados. ¿Cómo podemos participar en un ejercicio de análisis si carecemos de contexto o relación, más allá de la formal? ¿Permiten las obras participar en un ejercicio de introspección? ¿O no somos más que espectadores de los sentimientos desbordantes de Culitomatón?

El arte naif tiene su propia historia, que se remonta al aduanero Rousseau, a finales del s. XIX. El psiquiatra Vallejo Nágera no era más que un coleccionista de arte ingenuista. Nadie pertinente ni relevante en la historia del arte. Tu crítica es descriptiva, galería, artista, piezas diversas... No hay una verdadera valoración.
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