Forma y Pensamiento: Geometrías de la Conciencia en Guillermo Pérez Villalta
Del pensamiento brota, así como el agua fluye en un arroyo o como una planta salvaje en un prado abierto, la forma de la conciencia, geometrías de la mente, del tiempo y de la razón.
Simetrías radiantes exploran la cartografía interna del individuo, funcionando como ventanas hacia el mundo exterior. Todo se encuentra en un estado áurico, en proporción; la geografía que entrelaza a los sujetos y sostiene al mundo es bella por su simple complejidad.
Así, la Galería Fernández-Braso abre esta apuesta filosófica y metafísica ante el vasto trabajo de Guillermo Pérez Villalta, enfocándose principalmente en sus producciones de 2023 a 2025.
Si bien la galería ha sido testigo y partícipe del epicentro galerístico de Madrid, esta se reafirma con el objetivo no solo de consolidar a artistas de fama y talento mundialmente reconocido, sino también de hacer hablar y, sobre todo, hacer pensar a las obras expuestas y a los espectadores como participantes de un diálogo poético.
De esta manera, se inaugura la muestra con el texto introductorio del propio Guillermo Pérez Villalta, que nos guía a través de una pintura que recuerda que “la vida surge para tener consciencia de la belleza”. Entre la búsqueda de la belleza y los diálogos filosóficos, se evidencia, junto al virtuosismo técnico del artista, que estamos ante uno de los grandes pintores contemporáneos españoles.
A través de sus lienzos, Pérez Villalta traslada el placer de descubrir el motivo y el inicio geométrico de toda figuración, y en ese accionar, emplaza al sujeto, testigo de un diálogo que pertenece a la apreciación del cosmos mismo. Su trabajo y su valoración arquitectónica lo llevan a emular la teoría matemática pura, encontrando los indicios del geometrismo absoluto no solo en el paisaje cotidiano, sino también en el pensamiento. Esta es una pintura libre y deliberada; sacra y mitológica; racional y mística. Una pintura que nace del placer de ver y del goce de pensar. Una pintura que se origina en el disfrute consciente de la forma.
La muestra se organiza en núcleos temáticos que abrazan la totalidad de la exposición: los conceptos de Forma y Pensamiento y un conjunto de dibujos bajo el título Gabinete de ideas.
Las obras se articulan en torno a la noción de que el pensamiento crea forma y la forma puede crear pensamiento. Dentro de este compendio, la figuración metafísica geométrica se expresa tanto en la forma como en la manera de aprehender el mundo.
Un “Pienso, luego existo” —Cogito, ergo sum— se traslada a un Cogito, Ergo Imago, en el que la figuración y la abstracción geométrica sustentan no solo el hecho de que, para Pérez Villalta, la forma se consolida como el lugar donde el pensamiento se hace visible y el mirar se convierte en existencia, sino también como una existencia que pertenece a la belleza misma de la vida, porque permite ser vista y reconocida.
Patrón tras patrón, la retícula geométrica se hace presente en el más mínimo espacio visible. En la obra Diamantina, Pérez Villalta nos permite visualizar esta enunciación: la materia misma es simbólica, simétrica y proporcional, y pertenece a un todo. Todo se forma de la misma manera, pero depende de cada uno —acto mismo de belleza— percibir la cartografía que lo conecta con todo.
Si bien la teoría de la Gestalt acompaña sistemáticamente la muestra, Pérez Villalta la traslada no solo a la percepción visual, sino a un deleite estéticamente espiritual.
En La espiral de la existencia (2024) se despliega un verdadero discurso de la existencia, un viaje que va del big bang al big end, o, si lo miramos de manera más literal, del principio del fin al fin del principio. En este flujo, la extracción de la idea se entrelaza con la dinámica del pensamiento y el curso de la existencia misma; un fluir que se hace visible en la obra y que resulta fascinante.
Pérez Villalta, perteneciente a los Anacronistas (neomanieristas), introduce el anacronismo en la obra: el tiempo se concibe como una malla que sostiene y organiza la totalidad de la realidad. Dentro de esta relatividad se filtra un éter que nos mantiene, un espacio donde pasado, presente y futuro conviven y se entrelazan sin jerarquías aparentes.
La espiral que recorre la obra remite inevitablemente al mito del eterno retorno de Nietzsche, y si nos atrevemos a pensar de manera más conceptual, encontramos ecos del anacronismo de Dante, donde imaginar la eternidad es visualizar círculos que giran sin cesar, que nunca se detienen y que siempre regresan a sí mismos. Aquí, el tiempo se hila de manera infinita: un eterno retorno que parece carecer de tiempo, un flujo que nos recuerda que la existencia no se mide solo en segundos, sino en la percepción, en el mirar, en la conciencia que articula lo visible con lo inteligible.
La figuración se despliega como un microcosmos, donde la mente, el ser y el tiempo exploran la cartografía mental y visual de Pérez Villalta, un recorrido por su estética, sus pensamientos, su mirada y su cosmogonía. El acto geométrico no es solo un gesto formal; es un acto simbólico y espiritual. Platón lo habría llevado al mundo de las ideas, donde coexisten un mundo físico y otro inteligible, en el que residen las formas más puras y absolutas. Nosotros solo podemos captar un destello de esa perfección, un vislumbre que nos recuerda la magnitud de lo que existe más allá de nuestra percepción.
La geometría comienza en el punto, símbolo del principio único, de la unidad absoluta. De ese punto surge la línea, y de la línea emergen patrones complejos, que representan la multiplicidad de la creación surgida de la unidad divina. Así, lo Uno se manifiesta en lo Múltiple sin dejar de ser Uno.
Los patrones geométricos no son simples figuras; evocan el orden matemático del universo, revelando cómo lo infinito se hace visible a través de lo finito, cómo la armonía subyacente sostiene la existencia y cómo la forma puede ser, en sí misma, pensamiento hecho tangible.
Las obras desplegadas no solo son concebidas desde lo visual, sino también desde el mismo espacio que ocupan y la manera en que lo ocupan. Marcos cuadrados en sintonía conceptual con la figuración interna, lienzos triangulares, obras que se abren —literalmente— conforman una conciencia íntima del espacio, del acto de ocuparlo, completarlo, transformarlo y pertenecer a él.
Bien lo menciona Pérez Villalta: “los medios más simples para llevar los pensamientos a la realidad visible”. La forma del pensamiento se hace presente en la muestra y, a través de su obra, manifiesta la fluidez de la idea. Es un acto laberíntico, un recorrido por el flujo mental.
La simetría es la forma que articula el ethos y el pathos. Para Pérez Villalta, la belleza no reside solo en visualizar lo conformado, sino en el acto mismo de ver. Y la acción de ver respalda, a su vez, el pensamiento que acciona la obra: idea y acción, idear y accionar bajo el mismo sentimiento. La muestra nos traslada a un mirar poético, un mirar con acción. Las obras son el espectáculo visual de la congregación del mundo de Pérez Villalta y de su afecto hacia el pintar. Bien lo recuerda él mismo: “la vida surge para tener consciencia de la belleza”.
Guillermo Pérez Villalta - Pinturas 2023-2025
13/11/2025 - 10/01/2026
Galería Fernández-Braso | Calle Villanueva, 30. 28001. Madrid. España.
Guillermo Pérez Villalta
Maria Fernanda L. Canaán






Ay, Mafi, Mafi. Veo que sigues considerando la crítica como un espacio para la especulación filosófica o incluso para la evocación poética. Todo ello está muy bien, siempre y cuando se relacione con la obra del artista. Y ello requiere un conocimiento y un estudio de su trayectoria y de su trabajo. Sin duda Pérez Villalta es uno de los grandes pintores españoles, pero no sé si eso tiene que ver con el "cogito" cartesiano o con el Big Bang. Desde luego, él mismo no tiene personalmente nada que ver con los "anacronistas" italianos, a pesar de lo que diga la Wikipedia. La crítica no consiste en "decir cosas cultas" y en adornar filosóficamente el pensamiento, sino en diagnosticar el trabajo de un artista. Y es evidente que, para ello, te falta el contexo del arte español de los últimos cincuenta años. No te lo puedo reprochar, pero no sigas por ese camino.
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