La elegancia de una sensibilidad depurada: Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991

Desde su fundación en 1994, la Galería Elvira González ha cultivado una línea de acción clara: la difusión del arte europeo y americano de la segunda mitad del siglo XX y XXI. El espacio es manifiestamente reconocido por haber albergado exposiciones de artistas más que consagrados como Tàpies, Miró y Picasso. En este marco donde se mezclan rigor y visión vanguardista, la presentación de Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991 se integra de manera orgánica, honrando a un artista que fue tan fundamental en el panorama artístico nacional de la segunda mitad del XX como lo fue en el sector galerístico. A pesar de la filiación directa entre la dirección de la galería y el artista, esta es la primera muestra monográfica que Elvira González dedica a Fernando Mignoni. Se trata de una asignatura pendiente que esta exposición viene a resolver finalmente tras una espera que obedece a la compleja labor de documentación, inventariado y restauración de su vasto legado material.

Vista de la exposición Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991. Foto: Galería Elvira González.

Fernando Mignoni (Madrid, 1929–2011) fue un artista integral, cuya trayectoria se tejió entre el pincel y el espacio galerístico. Siendo hijo de Fernando Mignoni Monticelli, director de cine y escenógrafo italiano, y de Carmen Guerra Cauqui, bailaora jerezana, creció en un ambiente cargado de estímulos creativos. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y comenzó su trayectoria artística en la década de 1950 con una pintura profundamente personal e introspectiva, un estilo que el crítico Manuel Conde bautizó como “realismo interior”. Esta primera etapa del artista estuvo vinculada a la figuración expresionista y se caracterizó por la sobriedad cromática y la fascinación por las escenas de tauromaquia y el flamenco.

Para Mignoni, el acto de pintar era la búsqueda de una verdad íntima y visceral, un compromiso moral que le llevó a cofundar el Grupo Hondo en 1961, donde rechazó el informalismo por considerarlo un academicismo vacío. Su visión artística y vocación galerística maduraron durante una estancia en París, cristalizando a su regreso a Madrid con la fundación de la Galería Theo (1967-1993) junto a Elvira González. Dicho espacio no solo se erigió como un bastión del arte contemporáneo por introducir a figuras de la talla de Lucio Fontana o Francis Bacon al panorama nacional, sino que actuó como un laboratorio para el propio Mignoni. Su doble faceta de pintor y marchante le permitió mantener un diálogo privilegiado y constante con la vanguardia, y, de esta manera, impregnarse de influencias que redefinieron su obra. 

La exposición en la Galería Elvira González se presenta como un intento de cartografiar la incesante evolución formal y conceptual del artista entre 1969 y 1991. Aunque no funciona como una retrospectiva completa, ya que deja de lado su temprana etapa figurativa de corte dramático y expresionista, la muestra subraya su particular concepción del arte como un lugar sensorial y físico. Las dos obras más tempranas que podemos encontrar en el espacio, Marina fondo dorado (1969) y Sin título (1970), aún conservan un residuo de figuratividad donde se distingue una silueta que, por su constitución, recuerda a las esculturas de Alberto Giacometti. Diluida en la atmósfera del cuadro y llevada a la mínima expresión, esta figura se ha interpretado como una suerte de autorretrato velado de carácter melancólico. 

Fernando Mignoni, Sin título, 1970. Foto: Galería Elvira González.

Estas piezas se exhiben frente a un solitario dibujo a tinta, único de su tipología en la sala, que, si bien resulta interesante testimonio del rigor dibujístico de Mignoni, se percibe como una nota ajena a la unidad del discurso expositivo que vertebra el resto de la muestra. 

De izquierda a derecha: Sin título, 1980; Pintura 254, 1980 y Sin título, 1971 (dibujo a tinta), Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991. Foto: Galería Elvira González.

Por el contrario, el núcleo más potente de la exposición habita en la producción artística de los años setenta y ochenta. En esta época, Mignoni da un giro radical hacia la abstracción sensorial y su pintura se fragmenta mediante un gesto tembloroso que, sin embargo, logra rellenar la composición con un acabado dinámico. Inicialmente, su paleta mantiene una austeridad de tonos tierra, referenciando quizás a paisajes introspectivos. Pero, progresivamente, esta sobriedad se transforma mediante planos de colores brillantes y contrastes cromáticos intensos. La composición, influenciada por la inclusión del collage (con guiños a Jean Arp y los Nuevos Realistas franceses) y por las formas ovales de los lienzos, gana un protagonismo estructural, mientras que la mano del pintor casi desaparece en un proceso de depuración. Todo ello repercutirá también en los títulos de sus obras, los cuales se simplifican a partir de los setenta para referirse únicamente a la técnica, seguida por una numeración, como ocurre en Collage-223 y Pintura-384

En una última etapa de transformación artística, influenciado por el arte cinético de Jesús Soto y el minimalismo norteamericano, Mignoni transitó hacia lo tridimensional, diluyendo los límites entre pintura y escultura. La incorporación de materiales inéditos en su producción (como el metacrilato, el papel o el metal) se convirtió en el vehículo fundamental para articular su investigación sobre el espacio, el vacío y la percepción. Cabe señalar, no obstante, que esta producción de carácter tridimensional queda fuera del recorrido propuesto en esta muestra. Finalmente, en los noventa, esta búsqueda culminó en las Arquitecturas Espaciales, obras de gran formato basadas en la geometría esencial y la relación depurada entre forma y color. En ellas, Mignoni prestó una atención minuciosa a la propia obra como objeto y a cómo ésta se inserta en el espacio expositivo; una sensibilidad agudizada, sin duda, por su doble condición de artista y galerista.

Arquitecturas Espaciales. De izquierda a derecha: Sin título, Ca. 1990; Sin título, 1987 y Sin título, 1986. Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991. Foto: Galería Elvira González.

La abstracción de Fernando Mignoni es de una naturaleza casi figurativa que dota sus obras de una enorme elegancia. En sus composiciones realizadas a lo largo de los setenta y ochenta, el artista logra transformar la materia fragmentada en una nueva realidad poética. La particularidad de un perfil como el de Mignoni es que mantuvo una búsqueda constante y ajena a las modas, centrándose en el trazo y el espacio. En definitiva, su madurez profesional se distingue por la economía de elementos: “la forma se vuelve austera y el color, esencial”, como lo destacó Jesús Soto en 1994.

La propuesta de la Galería Elvira González asumía el complejo desafío de abarcar un periodo extenso (1969-1991), marcado por una profunda transformación estética. Dicho esto, el planteamiento curatorial de la muestra suscita ciertos interrogantes. El recorrido se inaugura con las obras más recientes y depuradas del artista, una decisión que fractura la coherencia temporal, dado que la segunda sala retoma un recorrido cronológico que comienza por las piezas más tempranas. Una disposición lineal desde el inicio habría resultado más oportuna para comprender la evolución desde los primeros autorretratos figurativos hasta su posterior purificación geométrica.

No obstante, más allá de las fisuras cronológicas en el discurso curatorial, la muestra se sostiene gracias a la indiscutible solvencia plástica de la selección, especialmente en las obras de la década de los setenta, periodo que marca su apogeo pictórico. 

Vista de la exposición Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991. Foto: Galería Elvira González.

Las abstracciones de Mignoni operan como verdaderos ensayos de poesía plástica, donde la depuración geométrica establece una dialéctica constante con la sensibilidad matérica. El artista aborda la contemplación no solo como un acto visual, sino como una experiencia fenomenológica y sensorial. Esa búsqueda de la “estructura sólida y a la vez ligera” (según sus propias palabras) se materializa en una belleza de rigor constructivo. En última instancia, la exposición logra reivindicar la faceta más refinada del artista, evidenciando una investigación incesante donde la abstracción pura no renuncia a la carga emotiva. Su trayectoria podría leerse como un proceso de sublimación: un cauce que nace en la turbulencia dramática figurativa y que, progresivamente, decanta sus aguas hacia una serenidad geométrica, transformando la intensidad inicial en claridad formal y cromática. 


Por Maia Larrea Pérez
Diciembre de 2025

Fernando Mignoni. Obras de 1969 - 1991 
Fernando Mignoni (Madrid, 1929-2011) 
Galería Elvira González. C/ Hermanos Álvarez Quintero, 1, Madrid
Del 11 de septiembre al 8 de noviembre de 2025












Comentarios

  1. Reprocharle a la exposición el no haber adoptado un criterio meramente cronológico es no entender el espacio expositivo. Nadie dedicaría el espacio principal y la sala más grande de la galería a obras de menor formato. Por lo demás, muy bien.

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