LA POÉTICA DEL UMBRAL: TO BE AT HOME IN THE WORLD DE IRIS VAN DONGEN

Fiel a su vocación de actuar como un sismógrafo de las tensiones estéticas europeas desde 2007, la Galería Casado Santapau abrió sus puertas a su primera exposición monográfica de la artista holandesa Iris Van Dongen (n. 1975) el pasado 8 de noviembre. Bajo el título To be at home in the world, la muestra podría interpretarse inicialmente como una disonancia respecto a la línea habitual de la galería, acotada a los lenguajes del minimalismo, el arte geométrico y conceptual. No obstante, esa supuesta ruptura es solo superficial: una lectura atenta revela en la obra de la artista un sólido andamiaje discursivo que trasciende su evidente destreza pictórica, situando su virtuosismo en un plano resueltamente simbólico y teórico.


Vista de la exposición To be at home in the world. Foto: Galería Casado Santapau.

Iris Van Dongen opera más allá del lienzo: no se limita a pintar cuadros, sino que construye presencias. Formada en los Países Bajos y curtida en la escena berlinesa, su praxis se identifica plenamente con el resurgimiento de la figuración narrativa de impronta psicológica que se ha designado como “Nuevo Romanticismo Negro”. Se trata de una corriente que explora el desarraigo frente a un mundo que, aunque íntimamente familiar, se presenta hostil y ajeno. Mediante la recuperación de lo sombrío, Van Dongen despliega en sus obras una melancolía contemporánea que palpita desde la superficie hacia el interior del espectador. La artista, reconocida internacionalmente por sus dibujos figurativos y grandes retratos de mujeres, emplea materiales como el pastel, la pintura acrílica, el gouache y el carbón prensado con una autoridad y un tamaño habitualmente reservados a la pintura al óleo. Esta elección técnica, que implica un gesto deliberado de desjerarquización material, no es un capricho estético, sino un acto conceptual. La vulnerabilidad de la materia funciona como un espejo de la condición endeble y melancólica de sus sujetos, confiriéndoles una presencia ineludible en el espacio.

Al entrar en la galería, el espectador es confrontado por una muestra que se despliega en la sala como una procesión silenciosa. To be at home in the world recoge algunos de los últimos retratos de jóvenes mujeres realizados por Van Dongen. Estas son concebidas no como representaciones miméticas de personas reales, sino como proyecciones de presencias que emergen del imaginario de la artista y pasan a ser encarnadas sobre el papel. Son, en esencia, meta-retratos que habitan un espacio liminal entre la realidad y la memoria, representando estados emocionales más que identidades concretas. “Me interesa lo que permanece bajo la superficie” dice Van Dongen sobre la palpable tensión yacente en sus obras, cuya complejidad nace de las dicotomías vinculadas a lo femenino: “la belleza y la rabia, la serenidad y la fuerza…”. Esta tensión binaria es una constante en su producción artística y funciona como motor conceptual de sus pinturas. 
 
En este sentido, resulta fascinante cómo esa fricción se materializa a través de su técnica: la mezcla del carbón prensado y el pastel seco dota las obras de una cualidad granulada que, a su vez, provoca cierto desconcierto perceptivo. Se trata de un detalle que oscila entre lo hiperrealista y lo etéreo y que parece mimetizar la materialidad digital. Esto genera una contradicción entre lo representado (temas y estéticas decimonónicas) y el acabado (granulado digital) que apela a lo anacrónico. 

Iris Van Dongen, The unquiet grave, 2025. Foto: Galería Casado Santapau.


En lo que respecta a lo representado, la singularidad de Van Dongen reside en su destreza para articular un corpus iconográfico propio que, al mismo tiempo, remite a un vasto entramado de resonancias culturales e histórico-artísticas. Si bien, no nos encontramos ante un ejercicio de simple cita nostálgica: sus influencias estéticas se dejan ver sobre el papel, manifestándose como fantasmas que habitan las obras. Destacan las composiciones de la exposición por su rico decorativismo, donde la flora ocupa un lugar central y sirve como vehículo simbólico que retoma imaginarios prerrafaelitas y modernistas. La melancolía contemporánea de Iris Van Dongen dialoga explícitamente con el legado de Dante Gabriel Rossetti, cuyas mujeres ausentes inspiran el gesto distante que observamos en las protagonistas de obras como August y The unquiet grave. Esta última comparte título con una balada folclórica irlandesa que versa sobre la muerte de una joven dama, hecho que, complementariamente, ancla la obra en esa sensibilidad lúgubre. 
 
A esta pulsión prerrafaelita se le añade el eco sofisticado del Art Nouveau y las muñecas indonesias del Wayang mediante alusiones estéticas a pintores como Jan Toorop o Gustav Klimt. Todo ello es singularmente manifiesto en los vestidos coloridos y ornamentados de las mujeres de Van Dongen, quienes a su vez conectan con una sensibilidad onírica y ambigüedad espiritual que son trazables hasta Odilon Redon o Frida Kahlo. Este tejido relacional se extiende a la cultura popular, especialmente a la música, la cual inspira algunos de los títulos de esta exposición, como Fare thee well, Miss Carousel que hace referencia a la canción de Townes Van Zandt del año 69, o la ya mencionada The unquiet grave. En conjunto, la yuxtaposición añadida de las referencias musicales suma a la sensación de esa deliberada dislocación temporal que sitúa la obra en el espacio de lo liminal y lo atemporal.
 
Si bien, la clave interpretativa de To be at home in the world se encuentra en la actualización de la iconografía femenina que habita el imaginario colectivo. Frente a la fragilidad de las musas decimonónicas, en Taxus baccata y Los Angeles, Van Dongen presenta a Judith, la heroína bíblica, como símbolo de resistencia y autonomía. Esta vez son representaciones femeninas que devuelven la mirada del espectador en clave desafiante, incluso indiferente. Este enfrentamiento entre los clichés femeninos de la historia del arte (la delicada mujer pasiva y la femme fatale) pone en evidencia la incoherencia de esa tensión binaria que intenta codificar y limitar la concepción de “lo femenino”En este sentido, Van Dongen utiliza la elegancia estética como caballo de Troya para introducir la idea de la feminidad como máscara. 


Iris Van Dongen, Los Angeles, 2025. Foto: Galería Casado Santapau.


En definitiva, la exposición de Iris Van Dongen en Casado Santapau es una visita obligada esta temporada. Estamos ante una muestra que se constituye como una potente afirmación del lirismo visual vigente en el arte figurativo contemporáneo donde la artista logra articular un ejercicio de poética figurativa de excepcional calidad y madurez conceptual. El propio título, To be at home in the world, funciona como un dispositivo engañoso que remite a una actitud casi irónica frente a las incertidumbres de la vida moderna. Lejos de ofrecer una respuesta reconfortante, sugiere un anhelo de pertenencia que las propias figuras retratadas parecen incapaces de encontrar. 

Por otro lado, la maestría técnica de Van Dongen, que maneja el pastel y el carbón a escala monumental con una minuciosidad hiperrealista, es innegable. Este virtuosismo permite que el detalle sutil (como la materialidad granulada) cumpla una función conceptual, elevando la fragilidad del soporte a un testimonio de espiritualidad. Aun así, la artista no se queda en la superficie estética: siguiendo la filosofía del Nuevo Romanticismo Negro, y a través de su meditado anacronismo dialógico, propone un análisis socio-psicológico sobre la alienación contemporánea. La artista nos obliga a confrontarnos a la idea de que encontrar un “hogar en el mundo” no es un acto pasivo, sino que implica una reconciliación necesaria con la inquietante extrañeza que nos es inherente. A pesar de ello, la forma en la que estos personajes femeninos y sus vestidos florales se mimetizan con la vegetación ofrece una tregua del desasosiego, y propone una reevaluación de la relación mujer-naturaleza. Así pues, Van Dongen abre la puerta a la posibilidad de habitar lo natural como recurso plausible para afrontar el desarraigo de la modernidad.

La muestra evita la nostalgia vacía para ofrecer algo mucho más profundo y humano, donde la figura femenina mantiene una conversación silenciosa con el espectador y sostiene la tensión constante entre el misterio y la revelación. Así pues, esta exposición triunfa porque funciona como una cartografía poética del alma en su incesante búsqueda de arraigo, dejando en el visitante una huella reflexiva que perdura después de abandonar la sala.



Por Maia Larrea Pérez

Diciembre de 2025

 

To be at Home in the World

Iris van Dongen (Tilburg, Países Bajos, 1975) 

Galería Casado Santapau. C/ Piamonte, 10, Madrid

Del 8 de noviembre al 31 de diciembre de 2025








 

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