Oro tejido con paja. La obra de Elena Mendizabal y Joan Rom.


Oro tejido con paja


Emma Pérez Carrión

Oro tejido con paja

Elena Mendizabal y Joan Rom 

Beatriz Alonso

La Casa Encendida. Ronda de Valencia nº 2

Desde el 11 de septiembre de 2025 al 18 de enero de 2026



La Casa Encendida es un centro cultural gestionado por la Fundación Montemadrid que, desde su inauguración en 2002, ha construido un modelo expositivo atento a las prácticas contemporáneas que recogen la creación artística, la reflexión social y el compromiso con las problemáticas del presente. En ese marco se inscribe Oro tejido con paja, exposición comisariada por Beatriz Alonso que reúne la obra de Elena Mendizábal (San Sebastián, 1960) y Joan Rom (Barcelona, 1954), dos escultores cuya trayectoria se inicia en la década de 1980 y que han desarrollado, desde entonces, un trabajo persistente en torno a la materialidad, el gesto manual y el tiempo prolongado del hacer. De hecho, en sus obras recientes y en esta exposición, ambos artistas trabajan con secciones mínimas, de apenas diez centímetros. La muestra se presenta vinculada al veinticinco aniversario del programa Generaciones, para reivindicar a artistas nacidos antes de 1965 que quedaron fuera de la convocatoria por cuestiones cronológicas.

Vista exposición sala B

El recorrido se articula en dos salas contiguas pero diferenciadas. En la sala B, Elena Mendizabal, escultora contemporánea clave en el panorama vasco, despliega un conjunto de obras entre la escultura y la instalación, reafirmando una investigación en torno a los materiales, el color, la forma y la experiencia corporal del espacio. Vinculada a la llamada Nueva Escultura Vasca, Mendizabal compartió referentes y debates con artistas como Txomin Badiola, Pello Irazu o María Luisa Fernández. Su obra inicia en el terreno conceptual, influenciado por el constructivismo y la herencia de Jorge Oteiza, el minimalismo y el Arte Povera, pero ha desarrollado un lenguaje y mundo artístico propio. 

Ese quiebro (2025)

En Ese quiebro (2025), conjunto de varillas de hierro recubiertas de plastilina y pintadas al óleo, la artista hace visible el proceso como núcleo conceptual de la exposición. Las piezas, trabajadas en secciones mínimas de máximo diez centímetros, conservan la huella directa de los dedos, subrayando una relación táctil. El contraste entre las varillas de plastilina—aún maleables— y sus versiones blancas impresas en 3D introduce una tensión productiva entre lo manual y lo tecnológico, entre el gesto irrepetible y su traducción mecánica. Remite a la idea de Merleau-Ponty sobre la percepción encarnada: la experiencia del cuerpo es inseparable del contacto con la materia, y cada varilla se convierte en un registro del tiempo vivido y del cuerpo que la modela.

Esta atención a lo orgánico y a lo íntimo se manifiesta ya en Melena (1986), obra temprana de la artista realizada íntegramente en hierro. A pesar de su contexto personal y conceptual, la pieza sugiere asociaciones figurativas: cabellos, algas, estructuras vegetales... Las soldaduras, generan un ritmo que refuerza la dimensión sensorial de la obra y acentúan la visión del trabajo detallado en franjas.


Sur le comme le débris (2023)

El núcleo más ambicioso de su propuesta es la instalación Sur le sol comme le débris (2023), que articula tubos metálicos, esculturas dispuestas en el suelo y un muro de planchas de hierro. La obra construye un paisaje dividido, a medio camino entre lo arquitectónico y lo biomorfo, que oscila entre lo trágico y lo celebratorio. El muro actúa como frontera física y simbólica: separa, protege y oculta un espacio concebido como territorio íntimo, casi sagrado, donde habitan las esculturas. Esta idea de umbral se prolonga en Las Puertas, donde tubos suspendidos a la altura del cuerpo humano introducen una dimensión autobiográfica vinculada a la memoria de los padres de la artista.

En contraste, la sala C acoge el universo de Joan Rom, marcado por la economía de medios y la recolección de materiales usados y elementos naturales. Rom es un artista clave de la escultura contemporánea catalana, cuyo trabajo ha estado marcado por una profunda reflexión sobre la materialidad, la memoria de los objetos y la tensión entre lo natural y lo tecnológico. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona, donde en sus inicios realizó pintura de gran formato, vinculada a la abstracción simbólica. Rom recoge y trabaja con materiales poco convencionales, trouvés, elementos de origen industrial o natural que descontextualiza para resignificarlos mediante su labor creativa. Su obra bebe de tradiciones como el Arte Povera, pero también del arte conceptual y el minimalismo, aunque su aproximación siempre conserva una poética íntima y sobria.

Ha expuesto con muestras clave en el Espai 13, la exposición E.R.T. en la Fundació Suñol y el Bilbao Museoa. Tras un largo periodo dedicado a la docencia —que inició en 1998—, su trabajo ha recuperado visibilidad en los últimos años, como demuestra la exposición El lloc (2022) en el MAMT.

Fotografía perteneciente a la serie: Cosas colgadas de los árboles (2021)

Su práctica se construye a partir del deambular por paisajes rurales e industriales, donde el residuo se convierte en la inspiración de su obra. En la serie fotográfica Cosas colgadas de los árboles (2021), Rom documenta plásticos atrapados en las ramas, imágenes que revelan una belleza incómoda, atravesada por la violencia silenciosa de los hábitos de consumo.


Vista exposición sala C

En sus esculturas e instalaciones, Rom ensarta fragmentos cerámicos, cartón, ramas o fibras vegetales, construyendo estructuras que remiten a collares, coronas o espinas. Obras como Jaeggy (2024), realizada con cartón transformado en flores, dialogan con la escritura minimalista y concentrada de Fleur Jaeggy, rindiendo un homenaje a su visión de la fragilidad, la memoria y la intensidad contenida.

Piezas como Idil·li (2020) o Festeig meridional (2023) despliegan fragmentos cerámicos ensartados en cables de acero, dibujando formas gravitacionales que ocupan el espacio entre el equilibrio y la caída. La referencia a lo arqueológico sitúa estas obras en un tiempo ambiguo, reforzando la idea de una memoria material que persiste más allá de su función original. En Erm (2024–2025), realizada con tallos afilados a mano de Asparagus acutifolius, la instalación adquiere un carácter inquietante que cuestiona la relación humana con el territorio y la necesidad constante de ocupación y dominio.

Festeig meridional (2023)

El discurso curatorial de Beatriz Alonso se apoya en un concepto de Ursula K. Le Guin para proponer un desplazamiento de los relatos dominantes de la escultura —asociados a la monumentalidad, la dureza o una noción de fuerza codificada como masculina— hacia registros vinculados a la fragilidad. Si bien esta lectura se alinea con las obras presentadas, la fragilidad y la vulnerabilidad ya son conceptos ampliamente valorados en el discurso institucional contemporáneo, más que herramientas capaces de transformar radicalmente la narrativa escultórica desde sus cimientos. De este modo, Butler recuerda que comprender la vulnerabilidad implica un compromiso ético, una apertura al otro y al mundo que trasciende la mera aceptación estética.

En conjunto, Oro tejido con paja es una exposición cuidadosamente articulada, que pone en valor prácticas escultóricas sensibles al tiempo, la materia y el gesto manual. Sin embargo, más allá de la calidad individual de las obras, la muestra deja al descubierto una tensión no resuelta entre sus intenciones declaradas y su alcance real. Si el objetivo era revisar una exclusión generacional producida por los marcos institucionales del arte contemporáneo español, la propuesta se queda en un gesto parcial, que visibiliza casos concretos sin cuestionar de forma efectiva las estructuras que los mantuvieron al margen.

A nivel conceptual Oro tejido con paja nos muestra cómo la práctica escultórica de Mendizabal y Rom no solo explora la materia y el gesto manual, sino que también dialoga con nuestro tiempo: frente a un mundo saturado de tecnología y contaminación, sus obras recuperan la atención al cuidado, la fragilidad y la paciencia, dialogando con lo que Timothy Morton llama ecología oscura y recordándonos la posibilidad de establecer vínculos más atentos y sostenibles con el entorno, los objetos y el propio cuerpo.


Emma Pérez Carrión

Oro tejido con paja

Elena Mendizabal y Joan Rom 

Beatriz Alonso

La Casa Encendida. Ronda de Valencia nº 2

Desde el 11 de septiembre de 2025 al 18 de enero de 2026



Comentarios

  1. Muy bien, Emma. Una exposición compleja y muy rica. Bien planteada tu crítca. Hay algunas pequeñas incorrecciones sintácticas.

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