Polifonías del dibujo. Una exposición colectiva en Carlier | Gebauer
11.09.–08.11.2025
carlier|gebauer
Calle de José Marañón 4, 28010, Madrid
La exposición Luis in Friendly Company, presentada en la galería Carlier | Gebauer, propone un recorrido que, más que ordenar una genealogía, construye una ficción. No se trata de un relato histórico estricto ni de una lectura académica del dibujo moderno y contemporáneo, sino de un ejercicio curatorial que imagina encuentros posibles entre artistas de distintas generaciones y contextos. En el centro de ese entramado se sitúa Luis Gordillo, acompañado por una constelación de artistas con los que no necesariamente se cruzó, pero que aquí son puestos en relación.
Luis in Friendly Company reúne dibujos desde la década de 1950 hasta la actualidad y se articula a partir de dos ejes principales: la reivindicación del dibujo como obra en sí misma y la presencia dominante de Gordillo. De las 65 obras expuestas, 39 son suyas. Esta desproporción no apunta a una lectura monográfica, sino a una operación más amplia: situar su trabajo en un contexto internacional que le ha resultado históricamente esquivo. Pese a su fuerte reconocimiento dentro del arte español, su obra ha tenido una circulación limitada fuera de ese ámbito. Llama la atención que esta cuestión aparezca reiteradamente como argumento curatorial, sin que se desarrollen del todo las razones ni las condiciones históricas que explican dicho aislamiento.
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Luis Gordillo (Sevilla, 1934) ha sido una referencia ineludible para generaciones posteriores de artistas. Formado inicialmente en Sevilla, su práctica se ha desarrollado a lo largo de más de seis décadas a través de una constante transformación del dibujo hacia la pintura, la fotografía y los procesos de reproducción técnica. Desde los años sesenta, y en estrecha relación con el psicoanálisis, que el propio artista ha señalado como decisivo en la construcción de su imaginario, Gordillo ha configurado un cuerpo de trabajo singular, presentado en importantes exposiciones individuales y retrospectivas en museos y centros de arte nacionales e internacionales, y reconocido con algunos de los premios más relevantes del contexto español y europeo.
Los dibujos tempranos de
Gordillo, realizados en los años sesenta tras su estadía en París, abren el
recorrido. Son obras poco exhibidas y, sin embargo, fundamentales para
comprender su práctica. Influenciado por el informalismo europeo y el tachismo,
Gordillo explora aquí un lenguaje marcado por la gestualidad, la línea nerviosa
y el automatismo. Él mismo se refirió a estos trabajos como “dibujos
telefónicos”: ejercicios de vaciamiento mental, donde el trazo se convierte en
un canal directo entre el inconsciente y la superficie. El vínculo con el
surrealismo y el psicoanálisis es evidente, y anticipa una obsesión que
atravesará toda su obra: la búsqueda constante de conocerse a sí mismo a través
de la imagen.
En diálogo con estos trabajos
aparecen los dibujos de Philip Guston, figura clave del expresionismo abstracto
estadounidense, que encarnan un momento histórico preciso: el auge de la
abstracción de posguerra. Por su parte, Julie Mehretu introduce otra temporalidad
y otra escala de pensamiento: realizados todos este año, en tinta sobre papel y en un
formato uniforme, sus trabajos funcionan como paisajes mentales en constante
mutación. Líneas, manchas y acumulaciones generan zonas de densidad y de
apertura, como si el espacio respirara. Mehretu ha señalado que el dibujo es el
origen de su práctica, el lugar donde accede al pensamiento creativo.
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| Luis in friendly company, carlier | gebauer, Madrid, 2025. Photo Roberto Ruiz |
Uno de los momentos más interesantes de la muestra se produce en la pared más extensa de la sala, donde se hace visible el giro hacia la figuración que algunos artistas realizan a mediados de los años sesenta. En el caso de Guston, esta vuelta fue polémica. Su abandono de la abstracción para adoptar un lenguaje figurativo, cercano al cómic y cargado de crítica política, fue leído por muchos de sus contemporáneos como una traición. Sin embargo, su propia justificación resulta hoy especialmente pertinente: la abstracción le resultaba insuficiente para hablar del caos moral y político de su tiempo. En los dibujos de Gordillo de este período también se advierte una mayor contención técnica y la aparición de formas reconocibles: cabezas, cuerpos distorsionados, simetrías inquietantes. La figuración emerge, pero nunca se estabiliza del todo.
En este entramado aparece la figura de Uwe Lausen, artista alemán que, pese a no contar con formación académica, desarrolló en pocos años una obra de notable intensidad. Influido por el expresionismo abstracto, el art brut y el grupo CoBrA, su trabajo se caracteriza por una temática política extrema y por una expresividad cruda, en estrecha relación con las tensiones sociales y artísticas de la Alemania de los años sesenta. En sus dibujos, las líneas nerviosas delinean cuerpos y formas fragmentadas, suspendidas en espacios inestables, como si la imagen estuviera a punto de descomponerse. El malestar subjetivo, marcado por la inestabilidad emocional y la adicción, atraviesa toda su producción. Tras abandonar la pintura en 1969, Lausen se suicidó a sus veintinueve años, dejando una obra breve, inquietante y durante largo tiempo relegeda.
El recorrido se completa con
artistas como Amy Sillman y Thomas Scheibitz, quienes continúan problematizando
la relación entre abstracción y figuración desde una perspectiva contemporánea,
y con Néstor Sanmiguel Diest, cuyas obras funcionan como palimpsestos donde
capas de información, materiales y tiempos se superponen. En las piezas tardías
de Gordillo, especialmente aquellas que incorporan procesos digitales,
fotocopias y escaneos, el dibujo se abre a la reflexión sobre la imagen en la
era mediática, mostrando una práctica que no se cierra sobre sí misma, sino que
se reinventa.
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| Luis in friendly company, carlier | gebauer, Madrid, 2025. Photo Roberto Ruiz |
Lo que hace que Luis in
Friendly Company funcione no es solo la calidad individual de las obras,
sino la coherencia de su puesta en escena. La idea de la exposición como una
partitura, como un baile entre piezas, no es un mero recurso poético: se
traduce en un recorrido dinámico, donde los trabajos parecen activarse unos a
otros. La muestra no busca demostrar, sino sugerir. Y en esa sugerencia radica
su fuerza.
El montaje acompaña y potencia
esta lógica de encuentro ficticio. Las obras no se disponen de manera lineal ni
cronológica, sino en agrupaciones irregulares que obligan al ojo a desplazarse,
a establecer relaciones laterales y saltos temporales. Los dibujos, de formatos
relativamente pequeños, se distribuyen en la pared con una cadencia casi
musical: algunos se agrupan en núcleos más densos, otros quedan levemente
aislados, generando pausas visuales. El amplio espacio en blanco de la sala y
la distancia entre los marcos refuerzan la idea de respiración y ritmo,
permitiendo que el dibujo conserve su autonomía sin perder el diálogo con el
conjunto.
En definitiva, la exposición no
solo recontextualiza la obra de Luis Gordillo, sino que la expande. Al situarlo
en compañía de otros artistas, su práctica revela una potencia que, lejos de
quedar anclada en una identidad nacional, se muestra permeable, inquieta y
profundamente contemporánea.




Hay una pequeña confusión, Candela. Los dibujos informalistas y abstractos de los años ciencuenta, influidos por el tachismo francés y por la escritura letrista de Henri Michaux no tienen nada que ver con los llamados DDT´s (Dibujos de Teléfono), que sí que están relacionados con el automatismo psíquico del Surrealismo y del psicoanálisis. Mientras que los primeros eran puramente abstractos, los segundos ya son figurativos.
ResponderEliminarSalvo esa pequeña confusión, tu crítica es excelente.
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