Que hablen los números, no las personas: optimismo fatalista en la obra de Stefan Sagmeister
Vista general de la exposición. Imagen cortesía de la Galería Hilario Galguera.
La Galería Hilario Galguera presenta la última exposición individual del artista austriaco Stefan Sagmeister (Bregenz, 1962) desde el 11 de septiembre hasta el 12 de noviembre de 2025. Sagmeister es diseñador gráfico y director de arte austriaco afincado en Nueva York. Fundó su propia empresa, Sagmeister Inc., en 1993, y desde entonces ha trabajado a nivel internacional. Su trabajo combina diseño conceptual, tipografía experimental e instalaciones performativas que fusionan imágenes históricas, fotografía y textos irónicos. Además de su trabajo comercial, Sagmeister ha presentado sus proyectos en exposiciones internacionales como The Happy Show (ICA Filadelfia, MOCA Los Ángeles, Fráncfort), The Beauty Show (Viena, Hamburgo, Fráncfort) y en galerías como la Patrick Parrish Gallery de Nueva York (que actualmente permanece cerrada). Sobre todo, sus exposiciones demuestran un enfoque centrado en la experiencia del espectador y en el poder comunicativo del diseño como instalación conceptual.
La muestra en cuestión, My Butter is Better, marca la primera colaboración entre la galería y el artista. La exposición reúne más de veinte obras realizadas entre 2022 y 2025. Aquí, Sagmeister ha explorado la visualización de datos para transmitir los cambios en varios asuntos sociales durante los últimos 200 años, y para traducir emociones y conceptos abstractos en experiencias visuales. Se presenta su trabajo desde un punto de vista personal, donde hay la presencia explícita del artista como voz conceptual. Un ejemplo clave es el autorretrato inicial, en el que Sagmeister aparece maquillado como un payaso. Esta obra establece su actitud casi egocéntrica, aunque no hay un propósito claro en la imagen de Sagmeister maquillado mirándonos fijamente desde la puerta, ni en relación con el resto de las obras. Parece un intento poco convincente de contextualizar al artista como una figura cómica que revela verdades sobre la crisis contemporánea, la felicidad o el papel del creador contemporáneo.
Desde la primera obra, un vídeo narrado por el artista en el que vemos la creación de las obras y Sagmeister paseando en bicicleta alegremente por la ciudad, la actitud optimista que caracteriza la exposición queda claramente de manifiesto. Está muy bien, sí, que tome obras de los viejos maestros de la tienda de antigüedades de su familia en Austria y las rompen para insertar sus incursiones de diseño basadas en datos, pero más allá de generar un resultado visual interesante, la operación no se ve realmente corroborada por el diálogo histórico que Sagmeister dice perseguir. Al fin y al cabo, las obras se convierten en infografías que, al carecer del texto necesario para transmitir un argumento social, parecen desvinculadas de sus particularidades históricas. Por un lado, el título y la descripción de la obra revelan el contexto, las estadísticas y las cifras representadas, pero por otro lado, los títulos y las descripciones de las obras no son obras de arte en sí mismas y, por lo tanto, el poder comunicativo de cada obra de arte depende demasiado de ellos. Estos problemas críticos en la presentación de la obra eclipsan el hecho de que Sagmeister ha desarrollado obras de una presencia visual llamativa que emplean una técnica única.
Imagen cortesía de Artsy.net.
Representar las formas en que el momento contemporáneo se ha transformado en comparación con los últimos dos siglos no es una tarea sencilla. Para resolver este problema de manera simple, Sagmeister parece sugerir que las cifras hablan por sí mismas. Aunque extrae datos de fuentes reconocidas a nivel global como las Naciones Unidas (ONU), con indicadores de desarrollo; el Banco Mundial (World Bank), con estadísticas socioeconómicas como alfabetización, pobreza y esperanza de vida; Statista, una plataforma de agregación de datos globales; y V‑Dem (Varieties of Democracy), que mide niveles de democracia y variables políticas, entre otras, no queda claro por qué se han seleccionado estas estadísticas concretas, ni qué se encuentra más allá de su generalización de una realidad cambiante. Como espectadores, es nuestro deber cuestionar este tipo de razonamiento más profundo del artista, y lamentablemente imagino que Sagmeister ha escogido puntos de datos que se alinean con su argumento optimista.
De charla (proporción de adultos que hablan con sus vecinos, comparando 2008 con 2017), 2022.
Imagen cortesía de la Galería Hilario Galguera.
Curiosamente, la obra De charla ni siquiera parece optimista, sino que refleja la actitud pesimista en contraposición a la de Sagmeister. Esta obra representa la pérdida de interacción social entre vecinos, ya que la visualización de los datos oculta gradualmente el rostro del antiguo retrato. En paralelo, nuestra falta de acción (en este caso, la interacción social) pone de manifiesto un creciente fracaso a la hora de superar los desafíos actuales y prepararnos para el futuro. ¿Qué revela la decadencia de la vida social sino la imagen de un mundo contemporáneo que se hunde en una espiral descendente? Admitiré que tal vez soy pesimista. Tal vez para Sagmeister, solo formo parte del 53% de los jóvenes de todo el mundo piensan que la humanidad está condenada, la cifra que impulsa la obra Fatalismo, 2022.
Fatalismo (Doom and Gloom), 2022.
Imagen cortesía de Artsy.net.
Más bien es interesante considerar los vínculos entre la obra de Sagmeister y otras artistas que emplean estadísticas y elementos gráficos para transmitir un argumento social. En un nivel más fundamental, pienso en el Pop Art, las latas de sopa de Warhol, pero diría que incluso estas son más críticas del consumismo y la situación actual que el trabajo de Sagmeister. También, la exposición me lleva a pensar en Barbara Kreuger, y su empleo de temas de crítica social a través del uso de elementos gráficos, con un estilo autoritario y decorativo. Ella se apropia los retratos que aparecen en el fondo de sus obras, tomándolos de revistas, periódicos y televisión, al igual que Sagmeister ha obtenido su material de fondo de otras fuentes. Creo que estos son los elementos que comparte con Sagmeister, además son los elementos en su trabajo que me hacen pensar.
Sobre todo, lo que queda claro es que Sagmeister ha empleado una técnica interesante y una yuxtaposición de materiales única. En general, su obra es ingeniosa, llamativa y refleja la visión de un diseñador talentoso que busca un futuro mejor para la humanidad. Por otro lado, la relevancia conceptual de su trabajo se ve empañada, ya que las obras se reducen a juegos formalistas que funcionarían mejor como imágenes decorativas en una tienda de regalos. Quizás, si Sagmeister se basara menos en generalizaciones y se esforzara por hacer más visible el conceptual subyacente de su trabajo, nos habría convencido mejor.
Por Rajni Louise Schulz.
Diciembre de 2025.
Stefan Sagmeister. My Butter is Better.
11 de septiembre al 12 de noviembre de 2025.
Galería Hilario Galguera. Calle Doctor Fourquet 12, Madrid, España.

A mí su trabajo tampoco me convence. Por una parte, interviene y destruye otras obras de arte para hacer el suyo propio. Por otra, las meras estadísticas tampoco son argumentos relevantes. Ni nos hacen pensar ni nos motivan. Contra su optimismo estadístico, yo también pienso que la humanidad está irremisiblemente condenada.
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