¿Qué sabes tú del miedo? El abismo de lo real en Ángeles Marco.
La obra de Ángeles Marco no se presenta: se impone con una gravedad silenciosa. No reclama atención, la absorbe. En la exposición Ensamblajes sensibles. El abismo de lo real en la obra de Ángeles Marco en la galería 1 Mira, el trabajo de esta artista aparece como una constelación de gestos, materias y pensamientos que no buscan ilustrar una idea sino encarnarla. No hay aquí una escultura que se deje agotar en la forma; cada pieza es una pregunta sostenida en el espacio, una interrogación que pesa.
Ángeles
Marco estudió en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos y obtuvo el
doctorado en 1987 por la Universidad Politécnica de Valencia, institución en la
que ejerció como profesora desde 1989. Durante dos décadas compaginó la
docencia con la creación escultórica, desarrollando un lenguaje profundamente
personal e innovador desde los años ochenta, noventa y hasta comienzos de los
2000 —un periodo crucial para la escultura española. Su muerte en 2008 dejó
inconclusa una trayectoria que había abierto caminos inéditos en el lenguaje
escultórico. En pleno auge de la “Nueva escultura española”, su voz se
distinguió por su audacia conceptual y su capacidad para repensar la relación
entre cuerpo, espacio y materia.
Marco
trabajó siempre desde una relación intensa y existencial con la materia. La
piedra, el hierro, la cerámica, la lona o la ropa no funcionan como simples
soportes, sino como cuerpos cargados de memoria, de uso, de esfuerzo. Incluso
en sus obras más tempranas de esta muestra -Escalera y Escultura- se
percibe ya esa voluntad de dejar huella: la escultura no se ofrece como objeto
autónomo, sino como resto de un cuerpo que ha trabajado, pulido, insistido. La
materia aparece así atravesada por el tiempo, por la fatiga y por una presencia
que nunca termina de desaparecer del todo.
| Ángeles Marco, "Escalera" y "Escultura", 1970-73, Galería 1 Mira Madrid. |
Este
sentido de lo corporal, sin embargo, jamás deriva en una representación
figurativa. Lo humano en Marco es siempre indirecto, desplazado, insinuado.
Aparece en la huella, en la ropa vacía, en el marco que ya no sostiene nada, en
el lugar dispuesto para un cuerpo que no está. Es una presencia fantasma, pero
insistente. Como si la artista hubiera comprendido que el cuerpo no se define
tanto por su forma como por su ausencia.
En
este punto, la cercanía de su pensamiento con la filosofía resulta clave. Marco
dialogó creativamente con autores como Derrida, Heidegger, Sartre, De Man, o
de su buen amigo y director de tesis, Román de la Calle. Sin embargo, esta
exposición de su obra en la Galería 1 Mira trata de incidir especialmente en la
relación conceptual con Gilles Deleuze, cuyas ideas sobre la inmanencia, la
vida y las multiplicidades resonaron de forma decisiva en muchas de sus series.
La obra de Marco parece operar desde ahí: desde la convicción de que la vida no
es algo que se representa desde fuera, sino una fuerza que atraviesa la
materia, el tiempo y el pensamiento. No habla de una biografía concreta, ni
siquiera de una identidad fija, sino de una vida entendida como potencia, como
tensión continua entre la afirmación y la caída. Una vida que no se narra, sino
que se experimenta.
La
serie Presente-Instante de 1991, ingeniosamente dispuesta en el
angosto espacio de la galería, refleja una relación compleja con esta idea de
identidad. Unas décadas antes de la creación de esta obra, en 1958, Pizarnik
escribía los siguientes versos: En el
eco de mis muertes / Aún hay miedo / ¿Qué sabes tú del miedo?
/ Sé del miedo cuando digo mi nombre. En este sentido, Ángeles Marco parece
compartir con la poeta una preocupación similar donde las preguntas que atraviesan
su obra no encuentran una respuesta definitiva. Funcionan más bien como una
insistencia mental, como un murmullo que acompaña la experiencia de estar vivo:
yo soy…yo soy… yo soy. Con esta especie de voces mentales que resuenan
en sus estampas, Marco no afirma una identidad; la problematiza. La somete a la
fricción del tiempo, de la elección, incluso de la posibilidad radical de la
desaparición.
Por
otro lado, en las series de Modular y Espacios ambiguos hay una
experiencia diferente. En estas, Marco no cierra nunca del todo una forma:
vuelve a ella, la repliega, la tensa, la vuelve más precaria. Sus series no son
capítulos consecutivos, sino capas superpuestas de una misma obsesión: cómo
sostener el estar-en-el-mundo sin neutralizar su riesgo.
| Ángeles Marco, "Serie Modular", 1974-80, Galería 1 Mira Madrid. |
Ese
riesgo aparece con claridad en las obras que rozan el abismo. Las series de El
tránsito y Salto al Vacío no funcionan aquí como metáforas
grandilocuentes, sino como estructuras concretas que ponen en juego la
gravedad, el equilibrio y el fracaso. Esculturas que prometen una función —un
paso, un soporte, una entrada— y la niegan al mismo tiempo. El objeto falla, y
en ese fallo se activa una dimensión profundamente poética: la conciencia de
límite. El cuerpo del espectador queda implicado, invitado a acercarse, a medir
su peso, a reconocer su vulnerabilidad.
| Ángeles Marco, "Serie: El Tránsito y Salto al Vacío", 1947-2008, Galería 1 Mira Madrid. |
Quizás
por eso algunas de sus piezas resultan tan incómodas. No por violentas, sino
por precisas. Porque señalan directamente esa zona donde la vida se vuelve
inestable, donde la libertad y el vértigo se confunden. El cuerpo ausente, la
ropa descolgada, el marco vacío: todo habla de una presencia que ha sido y que,
sin embargo, persiste de otra manera. Como si la vida no se cancelara nunca del
todo, sino que cambiara de estado. Su obra actúa desde dentro, desde ese lugar
de inmanencia donde se concentran las preguntas más esenciales. No ofrece
consuelo ni respuestas claras, pero sí algo más raro y necesario: la
posibilidad de mirar de frente el abismo y reconocer, en ese gesto, una forma
intensa de estar vivos.
Con
todo, la obra de Marco está cargada de una gran narratividad, una poética
intensa y un profundo peso metafórico y existencial. Estas piezas operan como
alegorías del tránsito, del vacío, del esfuerzo o del riesgo, y su sentido
—aunque presente— se mantiene deliberadamente velado. No se trata de obras que
explican, sino de obras que hacen pensar, que interpelan al espectador desde la
sutileza, la ambigüedad y la complejidad conceptual. En ellas, la metáfora se
integra en la construcción formal y conceptual de manera orgánica, sin
proclamarse abiertamente, generando una experiencia introspectiva donde la
interpretación se activa desde la percepción y la intuición.
Su
mirada conceptual revela un tratamiento único de lo físico y filosófico del
vacío y una tremenda capacidad para activar la reflexión en torno a lo
nombrable y lo innombrable de la vida. La obra de Marco ocupa directamente el
centro del pecho, como se intuía en Deleuze “aquello que no viene de fuera”,
sino del lugar donde se encojen las preguntas más sinceras y también las que
más nos asustan. En última instancia, la escultura de Marco se convierte en una
forma de pensamiento que permite que nos lancemos al abismo desde el filo más
alto del acantilado.
| Ángeles Marco, "Serie: Obra Inicial", 1970-73, y "Serie: Presente-Instante", 1991-92, Galería 1 Mira Madrid. |
Por Helena Martínez García.
Diciembre de 2025.
Ángeles Marco. Ensamblajes sensibles. El abismo de lo real en la obra de
Ángeles Marco.
Del 15
de noviembre de 2025 al 11 de enero de 2026
Galería
1 Mira Madrid - Calle Argumosa 16, 28012 Madrid

Muy existencial. Muy bonita y sentida. Muy bien escrita. Encoger se escribe con g.
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