TRES EXPERIENCIAS FORMALES: Centro Centro, 26.06 - 26.10.2025.

 TRES EXPERIENCIAS FORMALES: Centro Centro, 26.06 - 26.10.2025. 


Matías López Pérez 


Centro de arte contemporáneo Centro Centro. 

Núria Fuster, Clara Montoya y Sandra Val

26.06 - 26.10.2025. 



No podemos negar que la forma de un objeto se convierte en nuestra primera impresión del mismo. De la mano del formalismo como conductor de la exposición, el comisario Miguel Cereceda nos invita a vivir tres experiencias irrepetibles de mano de las artistas Núria Fuster, Clara Montoya y Sandra Val. 


Tres Experiencias Formales es una exposición llevada a cabo en el centro de arte contemporáneo CentroCentro, ubicado en el Palacio de Cibeles e inaugurado en 2001. Enfocado a la difusión cultural, el espacio se encarga de promover el talento nacional e intergeneracional, acogiendo expresiones artísticas de diversos formatos y medios. 

Desde pintura a instalación, pasando por diseño gráfico, performance y escultura, el centro destaca por sus actividades relacionadas: visitas guiadas, residencias artísticas, propuestas culturales. 


Es en este espacio que nos encontramos con la propuesta del comisario Miguel Cereceda: Nacido en Santander en 1958, el teórico y crítico de arte ejerce también actualmente como profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid. Además de su carrera docente, lleva a su espaldas una extensa trayectoria como comisario, exponiendo desde los años 90 hasta la actualidad. 

Cabe destacar su papel en la difusión de proyectos escultóricos como Hacia un nuevo clasicismo. Veinte años de escultura española Madrid, Alicante y Palma de Mallorca (1999), y  Desesculturas, Madrid y Alicante (2002). 

Como podemos observar, este interés por la materialización formal se verá nuevamente manifestado en esta exposición. 


Con este contexto, podemos definir el objetivo principal de la exposición: se propone la creación de un recorrido de obras, cada una atendiendo a las necesidades formales de tres diferentes artistas respecto a un concepto común. 

Este concepto común será la obra libro Naturaleza, Historia, Dios del filósofo donostiarra Xavier Zubiri, publicado en 1944. 


Igualmente, este pretexto será utilizado de forma esquemática, siendo un objeto de estudio secundario en el ejercicio de formalización que se realiza. En el libro, Zubiri nos propone la relación conceptual entre lo sagrado, lo profano y lo natural. 

Se presenta el concepto de Dios desde un prisma positivo, relacionando a la humanidad con la experiencia religiosa y dotándola de una caracterización orgánica, prácticamente ontológica en nuestra condición como seres humanos. 

Esta naturalización de lo místico como algo innato vendrá de la mano con la racionalidad típica de los años 40, destacando el uso de la hermenéutica en esta exposición. 

La hermenéutica en estas circunstancias se entiende como proceso en el que se procura disponer de un entendimiento de cada una de las partes que conforman un concepto para posteriormente relacionarse y entenderse en conjunto. 


En relación con el espacio, vemos reflejada esta idea con el uso de tres lenguajes formales diferentes para analizarse dentro de sus contextos individuales, y posteriormente ponerse en común con la obra de Zubiri. Así es que vemos las obras de cada una de las artistas separadas por paneles y tabiques dentro de la planta expositiva, viéndose claramente donde empieza una y dónde acaba la anterior. 




Comenzando la exposición tenemos la obra de Nuria Fuster. Nacida en Alcoy, Alicante en 1978, Nuria es una artista plástica española con reconocimiento internacional. Cursó sus estudios de Bellas Artes en la Facultat de Belles Arts de Sant Carles en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Se formó en escultura y grabado tras su paso por la Accademia di Belle Arti di Roma.


Fuster trabaja la escultura con objetos comunes, muchas veces incluyendo artilugios en desuso. Mediante la práctica del Ready-Made, recontextualizando estos materiales para dotarlos de un nuevo significado. 

Para este proyecto Nuria utiliza como referencia la experiencia de la escultora británica Barbara Hepworth (1903-1975), que nos hablaba del hueco y el vacío. Fuster lo usa como hilo conductor, valiéndose de diversas esculturas ready-made con huecos creados en ellos a posteriori. 




En las doce obras presentadas, como en Palm (2025) y Anatomía Temporal (2025), vemos diversos materiales cotidianos, como textiles y muebles que han sido contextualizados mediante el uso del agujero como elemento estético conductor. Nos llega a hacer pensar en el valor material de cada uno de estos objetos, y como su personificación mediante el espacio llega a dotarlos de un nuevo carácter, casi como objetos animados. 

Con este nuevo papel, su disposición y el uso de luces verdes para focalizar nuestra percepción, nos puede llegar a recordar a un espacio natural, similar a un bosque.



Continuando con el recorrido, accedemos al siguiente espacio delimitado que contiene la obra de Clara Montoya. 

Montoya es una artista de Madrid (1974) que destaca por su obra multidisciplinaria con estética minimalista, atribuyendo mayor valor a la premisa conceptual. Ha estudiado en el Royal College of Art de Londres, en Cité Internationale des Arts de París, en The Cooper Union de Nueva York y finalmente en Chelsea College Art de Londres.

Se centra en la búsqueda de la simplicidad visual y la depuración de la esencia, utilizando para ello formas simples y geométricas. Para ello se hace uso de series, comentando temas de carácter político y social. 


Para esta exposición, la artista se centra en el tema de la naturaleza, dotándola de un carácter místico. Para ello se sirve de obras previas en su trayectoria: 



En la obra “En tierra de nadie”, la artista presenta un espacio de baile mediante espejos y luces. En el mismo, performa una actividad colectiva que invita a performar en la misma. Mediante la misma, Montoya nos habla del poder que tienen nuestras acciones, y de la  repercusión que presentan en el mundo. En relación directa con la naturaleza, nos presenta un mensaje concienciador en relación con la responsabilidad ecológica, siendo además un conjunto escultórico para enfatizar en el aspecto colectivo de la misma. 


Por otro lado nos encontramos la obra Perdidas I y II (2025), que de nuevo, quizás de una forma demasiado literal, nos habla del diálogo interior y con el resto del mundo. Utiliza dos cristales enfrentados que a su vez giran sobre sí mismos, presentándose entre ellos y los demás. Nuestro reflejo se ve en el resto, nosotros nos reflejamos en otros y otros reflejan sobre nosotros. 



Uno de los elementos comunes que podemos observar en la obra de Montoya es la monumentalidad de las obras, que puede relacionarse con la mistificación del espacio natural que, al igual que hace Fuster con su obra, recuerda la presencia imponente de un bosque o selva. Es precisamente con este razonamiento que abarcamos las obras Artikutza I y II (2025).  

La artista realiza una residencia en Tabakalera, en la cual investiga sobre la personificación de la naturaleza como personaje vivo y lo manifiesta mediante la superposición de narrativas, combinando materiales plásticos y recontextualizando los mismos, demostrando así nuestra capacidad de cambiar el mundo. 


Para ello se nos presenta una serie de construcciones verticales intervenidas por luz desde su interior, dotandolas de personalidad a pesar de su composición. Conformadas por telas, son fácilmente alterables por nuestra presencia, recayendo nuevamente en nuestro potencial carácter transformador. 





Por este énfasis en la transformación, que aunque puede verse repetitiva, infiere directamente en las problemáticas presentadas por la artista respecto a la naturaleza, considero que su posición en el recorrido es la transición ideal. 

Inicialmente, hemos discutido la naturaleza del objeto y su capacidad de personificarse, con la obra de Montoya hemos discutido la relación de la naturaleza y el hombre. Finalmente, con la obra de Sandra Val tendremos un acercamiento divino a la naturaleza, reuniéndose junto al hombre mediante un espacio común: el jardín. 



Nacida en Tarragona en 1979, Sandra Val es una artista española graduada en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y en el Máster de Investigación en Arte y Creación. Ha sido seleccionada en diferentes becas de producción y bienales de Cerámica como las de Corea y Manises. Es mediante este formato que desarrolla la mayoría de su obra, con la que pretende crear espacios liminales y atmósferas atemporales, sirviendo por un lado de la tradición que precede al mismo. 

Además, incorporará todo tipo de materiales, tales como porcelana, metal, textil, vidrio. Con ello opta por una configuración que rescata formalidades del presente, pasado y futuro. 


Para la creación de estos espacios se servirá de piezas arquitectónicas, tanto físicas como virtuales. 

Podemos verlo en manifiesto en la disposición y obras seleccionadas para su fragmento de la exposición: 


Sandra Val abre su sección con la idea de evocar la naturaleza como algo vinculado a lo humano y a su vez a lo divino, Val se inspira en la mitología egipcia para hablar del jardín como edén: en el clima desierto, los destellos verdes de la flora y el agua eran alabados y reconocidos como símbolos de vida, poseyendo un estatus de objeto divino. No es de extrañar que se vincule el más allá con estos objetos. 


En la obra “Sirio: El ojo del cielo”, la artista nos muestra este concepto en un formato de corto virtual, cuya visualización es accesible mediante unos huecos dispuestos en la pared como una constelación, aludiendo a un paisaje estrellado. En los mismos, podemos observar una serie de imágenes planteando el resto de obras expuestas como si de un espejismo se tratase. 



En la pared perpendicular podemos observar “Canis Mayor”. Aludiendo nuevamente al objeto astral y divino, se nos plantea un lienzo con las sombras proyectadas de la instalación colindante “Eon 3”. Con este objeto, quiere conectar temáticamente la arquitectura del jardín con el entorno presentado por la artista. Igualmente, es cierto que sería la que menor relación parece tener, pero simultáneamente es indispensable para la cohesión del conjunto arquitectónico. 



Finalmente, tendríamos la instalación escultórica “Eón 3”. Como si de un portal al otro lado se tratase, Val nos invita a cruzar desde nuestra realidad material al jardín atemporal que se presenta al otro lado, alineado con una calma y reflexiones introspectivas, propias del culto. 




Se ve representado un conjunto de azulejos y cerámicas dispuestas en el suelo como una vía propia de la decoración de jardines, en la que originalmente transcurría el agua. La intervención humana en el paraje natural nos invita a pensar en la evolución de dichos cambios, y llega a recordar a la idea presentada por Montoya sobre nuestra repercusión ecológica. 


De hecho, una vez finalizado el recorrido, podemos pensar que, aunque empecemos el recorrido por Sandra Val y finalicemos por Nuria Fuster, la experiencia puede ejecutarse igual, debido a que el hilo conductor entre las mismas funciona de forma inversa, gracias a la decisión de disponer a Clara Montoya como la transición entre sus ideas. 


Es tanto así que una vez finalizado el trayecto, terminamos también nuestro ejercicio de hermenéutica. El eje principal de la exposición, la formalidad, queda presentado en tres visiones completamente diferentes. Tras haber experimentado las visiones de las tres artistas, podemos distinguir la naturaleza, la intervención humana y la resignificación del objeto como contenidos clave, que si bien adquieren distintos grados de importancia, siempre están presentes. 


Sin duda, la ejecución de esta exposición resulta en un recorrido fluido, que una vez argumentado es accesible y enriquecedor, simultáneamente fomentando un tipo de acercamiento por parte del espectador completamente acorde con los objetivos del formalismo contemporáneo. 


Comentarios

  1. Demasiado esquemática, Matías. Muy descriptiva, pero poco crítica. Esa rigidez de planteamiento se observa también en una cierta rigidez de estilo. P. ej.: performa una actividad colectiva que invita a performar en la misma.

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