Voy despacio. Llevo 1 olla con sopa. Cerámica fantasiosa de Culitomatón.

 La galería Yusto/Giner es durante estos meses un espacio colorido, infantil y divertido, supongo que con la intención de contrarrestar la llegada del ambiente gris del invierno. El espacio madrileño de esta galería acoge hasta final de año la exposición Voy despacio. Llevo 1 olla con sopa de la artista e ilustradora Laura Lagraña (Barcelona, 1995) que firma su trabajo bajo el sobrenombre de Culitomatón.

En el año 2021 Yusto/Giner, galería que desde 2012 se ubica en Marbella, abrió las puertas de su espacio en la mítica calle Barquillo bajo la premisa de acoger propuestas artísticas más experimentales. La muestra de Culitomatón se inscribe, sin duda, dentro de esta línea, tanto por la elección de materiales como por el universo fantasioso que se nos presenta.

En Voy despacio. Llevo 1 olla con sopa, se nos propone imaginar las piezas que componen la exposición como ingredientes de una receta. Resulta fácil conectar con la metáfora de transportar un recipiente lleno de sopa, el caminar con cautela, moverse con delicadeza sabiendo que en cualquier momento todo puede desbordarse, ante esta sensación de ansiedad, la sopa es ese alimento reconfortante, esa invitación a la contemplación y al detenerse, así como a introducir el color en un contexto vital en el que este no siempre está presente.

Vista de la exposición de Laura Lagraña/Culitomatón: Voy despacio. Llevo 1 olla con sopa. Fotografía de ©Yusto/Giner

El trabajo de Lagraña proviene en origen del ámbito de la ilustración, estudió los grados superiores de Ilustración, Cerámica y Escultura en la escuela Pau Gargallo en Badalona, y es a través de la cerámica que da vida a ese universo tan particular e imaginario que nace sobre un soporte plano. La profundidad, los niveles, el entrelazamiento de los personajes y esa posibilidad de poder verlos materializados desde todos los ángulos es algo que requiere ser construido sobre un soporte tridimensional, que permite ampliar los límites del dibujo y trasladar su imaginario al espacio. A medida que vamos avanzando por la sala se hace evidente que la muestra posee sin duda un sello muy intimo y personal que se puede ver en el mimo que se percibe en la manufactura de cada pieza. La fragilidad de la cerámica evoca de nuevo a ese mundo onírico y frágil que puede desvanecerse y hacerse añicos en un instante. Destaca también la riqueza y variedad de los esmaltes que recubren la cerámica, que denotan un claro dominio técnico y un interés sostenido por el medio.

Las figuras que conforman esta ficticia sopa se construyen a través de un entrelazamiento continuo de elementos compositivos y personajes fantasiosos y amables por los que es casi inevitable sentir cierta ternura. Invitan a la observación cercana de las composiciones en las que constantemente descubrimos nuevos detalles, como por ejemplo los divertidos accesorios de sus protagonistas. La utilización azarosa de combinaciones cromáticas remite a los dibujos infantiles, libres de pretensión artística alguna, en los que el color se emplea de manera libre y naturalmente intuitiva.


Party Gorritos (izquierda) y Duelo de mentiras (derecha), de Laura Lagraña/Culitomatón, ambas de 2025. Fotografía de ©Yusto/Giner.

Casi al final de la sala encontramos una pieza colocada en la pared Dientitos, la única que adopta una exhibición vertical. Es la pieza más oscura de la exposición, Culitomatón emplea para esta obra una cerámica que emula el acabado poroso y gris de una roca. Esta rudeza del material, contrasta con los acabados delicados, brillantes y coloridos del resto de piezas, y a pesar de representar un rostro sonriente, un pequeño detalle en forma de lagrima produce una cierta extrañeza si se compara el tono de la obra con el resto de cerámicas expuestas.

En el resto de la exposición, detalles musicales o personajes pertenecientes a mundos de fantasía como unicornios o guerreros con sombreros de animales en escenarios casi circenses son elementos recurrentes que habitan estos micro mundos que se crean en las piezas. Los universos visuales son, en este caso, acompañados por unos títulos que siguen esa línea “cuqui” que nos quiere transmitir Lagraña; Panitierni, Trompeta emocional, Party gorritos o  Fresita jinete por ejemplo.

De izquierda a derecha: Cupido, Chuche reloj y Fresita Jinete (2025) de Laura Lagraña/Culitomatón. Fotografía de ©Yusto/Giner

Las piezas tienen mucho valor como artesanía, subjetivamente hablando, son estéticas, pero el conjunto, a nivel expositivo, no llega a ejecutar su propuesta con éxito. Denota la falta de un trasfondo conceptual o una narrativa más trabajada que me ha producido la sensación de salir de la sala con la experiencia de haber visitado un taller de cerámica, no una galería de arte. Un conjunto de trabajo demasiado edulcorado y poco complejizado, que no por eso implica un resultado visual desagradable, pero que no funciona correctamente como dispositivo de exposición artística, sino que luce como un agradable trabajo de manufactura. El trabajo de Culitomatón tiene mérito por el dominio que tiene de la técnica de la cerámica, tiene una carrera muy incipiente y está claro que le queda mucho camino por delante, pero la galería, en ese ejercicio de su propósito de espacio experimental, ha podido excederse en esta experimentación vistiendo de proyecto artístico algo que no consigue serlo. Dicho esto vuelvo a recalcar que las piezas individualmente, cumplen a la perfección ese propósito de traer un poco de fantasía a la cotidianidad, pero esa funcionalidad no se contiene en un discurso. El resultado, es en definitiva, una propuesta que, pese a su corrección formal, no logra trascender el ámbito de lo decorativo para articularse como un proyecto expositivo con verdadera densidad artística.

Por Lierni Abasolo Arregi

Laura Lagraña a.k.a Culitomatón (Barcelona, 1995)

“Voy despacio. Llevo 1 olla con sopa”

7 de Noviembre al 30 de Diciembre 2025

Galería Yusto/Giner Madrid

C/ Barquillo, 25, Centro, 28004

 

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